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sábado, 28 de marzo de 2015

Detective Djebril y el caso de las reliquias perdidas




Por todos mis años de experiencia en colaboración con la policía, en la búsqueda de sospechosos, mi olfato detectivesco ha llegado a tener fama mundial. Uno de los dones que poseo es mi gran corazonada. A veces, al dormir tengo un presagio y al día siguiente recibo una llamada con algún nuevo caso. Esa noche así fue y al día siguiente recibí una llamada de la policía informándome de un robo poco inusual. Se trataba del robo de las reliquias de Santa Teresa de Ávila.
Lo primero que debía hacer era comprobar la veracidad de los hechos y visitar a las personas que poseen las llaves que abren el sepulcro de la Santa. Son diez llaves: tres las tienen las monjas del Convento de Alba, otras tres la Duquesa de Alba, tres están en Roma, ya que las guarda el Superior general de la Orden Carmelita y la última el Rey de España. Además me enteré que el Papa vendría muy pronto a España.
Fui a visitar el convento de Alba de Tormes en Salamanca. Por lo visto las monjas también se habían enterado y se ofrecieron a cooperar dándome las llaves y pidiéndome prudencia en mis acciones. En segundo lugar me dirigí a la residencia de la Duquesa de Alba. Me dijeron que estaba enferma y en estado grave, fui atendido por su hijo. Como no estaba dispuesto a darme las llaves, con la excusa de ir al baño, fui al dormitorio de la duquesa. Encontré las llaves, salí por la ventana, cogí el coche y me fui corriendo de allí.
La gente en la calle hablaba del robo. Unos decían que el gobierno estadounidense planeaba secuestrar su cuerpo y revivirlo en el Área 51. Otros decían que podía haber sido un milagro. Yo como musulmán nunca he entendido lo de las reliquias. En nuestra creencia se entierra el cuerpo sin atribuirle ningún valor divino. Son algunas cosas en las que entramos en contradicción con los hermanos cristianos pero prefiero no seguir ya que de este tema se podría hablar largo y tendido.
Después fui a visitar al Rey. Debido a su apretada agenda, no podía recibirme de inmediato y decidí ir primero a Roma. Pero esa misma tarde recibí una extraña llamada que me dejo un poco aturdido. Alguien a través del teléfono decía: ''Será mejor para ti que no te metas en esto, estás avisado''. Yo creía que se trataba de una broma y seguí a lo mío. Esa noche preparé la maleta y me fui a dormir.
A la mañana siguiente cogí mi vuelo a Roma. Cuando llegamos, la ciudad me sorprendió bastante, se notaba su pasado cristiano y su gran esplendor histórico. Me dirigí a la Casa General de los Carmelitas Descalzos en la calle Corso d'Italia, 38; donde supuestamente vivía el superior de la orden. Me recibió un hombre algo mayor que me invitó a pasar. Le expliqué el motivo de mi visita y me dijo que estaba muy triste por lo sucedido. Me preguntó si creía en Cristo. Pensé que decirle que era musulmán dificultaría su colaboración conmigo, así que le dije que si pero que era algo complicado. Necesitaba acabar rápido. Le pedí las tres llaves del sepulcro y amablemente me las dio.
A la semana regresé a España y me notificaron que el Rey podía recibirme. Fui directamente al palacio de la Zarzuela. Felipe VI me recibió en una sala de estar muy lujosa. Me dijo que estaba muy sorprendido por los acontecimientos. Me dio la última llave y me dijo que dependía de mí el descubrimiento de las reliquias.
Ya tenía todas las llaves, pero estaba muy cansado y decidí dormir ese día en un hotel de Madrid. De repente sonó el teléfono y al cogerlo, una voz siniestra dijo: ‘‘¿Con los avisos no son suficientes, eh? Sabemos que tienes todas las llaves, pronto iremos a por ti''. Esta vez sí que me asusté.
Tras llamar a un colega detective, le pregunte si podía ofrecerme una lista de sospechosos interesados en las reliquias de la Santa o que tuvieran algo que ver con ellas. Esa misma tarde recibí un listado con los seis sospechosos principales.
Me acorde de repente que durante mi instancia en Italia un clérigo del Vaticano me ofreció su número de teléfono en caso de necesitar ayuda. Lo llamé pidiéndole si podía reunir a los seis sospechosos y venir a verme a mi despacho en Alicante. A lo que me respondió que en dos días estarían aquí.
Al cabo de dos días fueron llegando uno a uno. El último en aparecer fue el líder de la secta milenarista, quien apareció rodeado de otros de sus compañeros. Los llamé de uno en uno. El Superior general de la Orden de los Carmelitas Descalzos, el Director de los Museos Vaticanos, la Priora del Convento de la Encarnación, la Priora del Convento de San José y la Priora del Convento de Alba de Tormes. Cuando llegué al último, el líder de la secta milenarista, quise centrar más mi atención. Tenía mucho poder económico y sus enseñanzas producían escalofríos. Repitió muchas veces durante el interrogatorio que el mundo se acercaba al fin y que todos pagaríamos por lo que hicimos.
De repente se escuchó un cristal romperse y a una mujer gritar. Al salir, encontramos al Director de los Museos Vaticanos en el suelo con un disparo en la cabeza. El pánico se había apoderado de los invitados. Y recibí una llamada de teléfono, la voz misteriosa del otro día me dijo: '' demasiado tarde, moriréis uno a uno y el ultimo serás tú''. Seguidamente unos encapuchados entraron en el edificio. Cogí mi pistola e intente sacar a los invitados de allí. Los asaltantes eran muchos, nos rodearon y dispararon dardos tranquilizantes cayendo todos dormidos.
Cuando recobré la consciencia estábamos en una especie de monasterio abandonado, colgados hacía arriba. Era un lugar tenebroso y húmedo. De repente un encapuchado se acercó a mí y ordenó a sus ayudantes que me descolgaran y me llevaran a una habitación aparte donde me esposaron las manos. Este hombre tenía una voz familiar. Mi sorpresa fue cuando al quitarse la capucha vi que se trataba del clérigo anciano que me encontré en Roma.
Ante mi estupor y confusión, nos quedamos un rato en silencio hasta que empezó a hablar: ‘‘Ya te ofrecimos muchas oportunidades para abandonar el caso, sin embargo eres muy cabezota, y pagarás por tu persistencia``. ¡Lo que me temía! Era él la persona que me llamaba constantemente por teléfono y ahora me pedía las llaves del sepulcro. Me negué a hacerlo, sacó una pistola y me disparó en la pierna dejándome nuevamente inconsciente. Esta vez al despertarme estaba en una celda junto a un encapuchado. Le pregunté la hora y me respondió que eran las cinco de la tarde. ¡Ya casi no me quedaba tiempo! Iba a acabar en esta celda de por vida. Tampoco sabía nada de los otros cinco.
El encapuchado de mi celda me dijo que era mejor para mí entregar las llaves o acabarían por matarme. Le pregunté para qué necesitaban las llaves si ya disponían de las reliquias. Con voz silenciosa me contó que tenían las reliquias y que habían cambiado el sepulcro por una réplica. Pero no podían acceder a su contenido.
Yo ya lo había comprendido todo. De repente él se apoyó en las rejas de mi celda y saqué mis manos esposadas para ahogarlo. Lo dejé inconsciente y acto seguido cogí las llaves que tenía en su bolsillo y me puse su ropa. En el bolsillo encontré su móvil e investigando en él supe donde se encontraban las reliquias. Tenía poco tiempo ya que si descubrían su cuerpo en la celda sabrían que escapé.
Mandé un mensaje de socorro a la policía, pues no podía llamarles por si alguien me escuchaba. Me acerque a la sala donde estaban las reliquias, estaban todas puestas encima de una gran mesa. Según un documento que encontré, se trataba de unos mercenarios que se hacían pasar por religiosos y pretendían venderle las reliquias a una secta satánica, cuyo propósito era obtener el cuerpo entero de la Santa. También decía que la reunión sería esa misma tarde.
Sin embargo, aún les faltaban las llaves para abrir el sepulcro robado. Las tenía yo, así que los mercenarios no podrían completar su trabajo. Me acordé que las llaves estaban en mi apartamento. Un mensaje de móvil de los mercenarios ordenaba que dentro de quince minutos uno de ellos saliera a recogerlas y volviera para completar el proceso. Era mi oportunidad de escapar de aquel lugar y poder hacerme con ellas.
Cuando salió el supuesto mercenario con dirección a mi despacho, salí de mi escondite y seguí sus pasos. Cuando abrió la puerta de la calle, lo alcance y me dijo: ‘‘¡El jefe ha dicho que nadie más salga!''. Le seguí el rollo y le dije que el jefe me ordenó acompañarle. Me miró a la cara y siguió caminando. Llegamos a una furgoneta y subimos a ella. Note que tenía algo en el bolsillo, se trataba de mi pistola. Al parecer no me la habían requisado y era demasiado pequeña para que alguien se diese cuenta. El mercenario también tenía una pistola en su cinturón.
Le mire de reojo, este se quedó pensativo y cuando pasaron unos segundos vi como rápidamente intentaba desenfundar su pistola. Saqué apresuradamente la mía y le metí un disparo en la cabeza. El sonido se escuchó en todo el monasterio por lo que me apresure a sacar su cuerpo fuera de la furgoneta. La arranqué cuando empezaron a disparar contra el vehículo. Conseguí llegar a mi apartamento, cogí las llaves y llame a la policía. Regresamos al monasterio justo a tiempo de sorprender a la secta satánica.
Todos fueron encarcelados, pero antes de que se los llevaran le quite la capucha al líder de la secta. Era el líder de la secta milenarista. El clérigo anciano de Roma había organizado el robo para venderle las reliquias al líder de la secta milenarista. Ya sabemos que esta secta lo que esperan es el fin del mundo en el V centenario de la Santa si consiguen reunir las partes desmembradas de su cuerpo para el día en el que se conmemora su nacimiento. En un cuarto encontramos amordazados a los demás, ya por fin todo estaba resuelto. Cobré mi dinero y decidí dejar esto de ser detective ya que me di cuenta de que arriesgaba mucho mi vida.
Djebril Bouzidi Alia

Vacaciones en Roma. Detective Jerar Khachatryan


Corría el año 1996,  tan sólo hace un año, cuando  fui de viaje a Roma con mi familia.  Sobre todo para visitar los innumerables museos e iglesias que tiene la ciudad. Mi esposa Cornelia, mis siete hijos y yo subimos al avión.  De repente salió del aseo una monja,  a la que sus ojos oscuros concedían una mirada feroz. Y con su nariz aguileña ganó mi atención.  Tenía unos rasgos que le imprimían mucho carácter. Se sentó en la fila que estaba delante de mí. Con ella viajaba  un sacerdote  con aspecto más normal .

                Toda la familia estaba durmiendo. Yo suelo tener miedo al viajar en avión, con lo que estaba despierto. La monja y el cura  empezaron a susurrar.  Pero se escuchaba perfectamente su conversación. Hablaban en latín y eso me encanta porque soy filólogo de  lengua latina.  Además  no me conformo con traducir  textos, sino que domino el idioma completamente y lo hablo sin ninguna dificultad.

                 Al oírlos hablar en latín no pude aguantar mis deseos de escuchar lo que decían. Comentaban acerca de las reliquias de Santa Teresa de Ávila. Que estaban los dos disgustados porque su cuerpo estaba dividido y repartido por muchas ciudades. Y  sobre unos planes que  realizarían para conseguir que todo el cuerpo estuviese reunido en Roma. La verdad,  despertó mi interés sobre la Santa.  Debe ser alguien importante, si no lo fuera no hablarían sobre ella con tono tan decidido y con tanta seriedad.

                Me prometí a mi mismo que visitaría el lugar donde estaba enterrada la Santa.  Los altavoces del avión sonaron para decirnos que estábamos aterrizando.  Como algo tradicional, cuando el avión aterriza toda la familia aplaudimos. Es una costumbre que viene ya de mis abuelos. Al salir del avión, la monja dijo al cura que el plan debía realizarse  en los dos días siguientes. Lo que me hizo sospechar que tramaban algo.

                Mi prima Mariam nos esperaba en la terminal.  La habíamos echado mucho de menos. Allí también se encontraban la monja y la cura. Mi prima les saludo.  ¡Qué sorpresa! se conocían. Nos alojamos en su casa. Una casa enorme que tiene cerca del museo Capitolino.  ¡Oh, Roma, la gran Roma!  Esta ciudad es tan bella. Cuantas cosas han pasado aquí y pasarán a lo largo de la historia.

                Mariam, tenía veintiséis años y era extremadamente inteligente. Poseía el doctorado en teología y había recibido el Premio Nobel sobre sus  investigaciones para demostrar que la tumba de Jesucristo está en el país del arca perdida de Noé, Armenia.  Me siento orgulloso de tener una prima así. Ella me demostró que puedes creer en Dios y a la vez ser científico. A ella  le ha causado muchos problemas y se ha granjeado muchos enemigos.

                Cuando ya nos habíamos instalado en su casa, pregunte a Mariam sobre aquella monja y el cura.  Me contesto que la monja era la famosa Sor Ariadna, Priora del Convento de la Encarnación y el cura era el Superior general de la Orden de los Carmelitas Descalzos. ¡Vaya,  vaya! Lo que me  iba a esperar en mi viaje a Roma. Mi prima me prometió quedarse con mi familia mientras yo resolvía unos asuntos. Es mi oportunidad de pasar a la acción.

                Me fui a recabar información acerca de Santa Teresa. Era impresionante lo que decía un viejo, cercano a la escalera de la puerta principal de una de tantas Iglesias.  Me chantajeó y me pidió dinero a cambio de información. Después de pensármelo un rato le  di el dinero, ya que no tengo problemas de finanzas y me moría de ganas por saber más acerca de la reliquia que la monja y el cura deseaban tanto conseguir.

                El viejo empezó a hablar.  En realidad no le estaba escuchando porque mi cerebro estaba pensando en la monja.  Pero de repente una frase captó mi atención. Decía  que si reúnes todas la reliquias de Santa Teresa,  se consigue la información que todos los seres humanos queremos saber sobre el Todopoderoso. 

                Me fui corriendo a casa de mi prima. Le pedí que me facilitara contactar por Skype con  los poseedores de las llaves que abren el sepulcro de Santa Teresa. Y si podía  presentármelos a   todos. La Priora del Convento de Alba de Tormes tenía tres llaves, la Duquesa de Alba otras tres,  el Superior de la Orden de los Carmelitas descalzos tres y el Rey de España una.  Mariam me los presentó diciendo  que yo iba a realizar un trabajo sobre las reliquias, para convencerlos de colaborar.  Mientras ellos hablaban sobre de la Santa,  les pregunté qué pensaban acerca de que las reliquias estuvieran repartidas por diferentes ciudades. Así supe lo que pensaban.

                Contraté a unos agentes para que los persiguieran y averiguaran todo lo que hablaban. Quería saberlo todo,  hasta lo que comían y bebían.  La monja iba a robar las reliquias y necesitaba saber quién iba a ayudarle, cuándo, por qué  y cómo.  Ella tenía un plan genial que por fin descubriría la verdad sobre el Creador. Había que aprovechar cualquier situación.

                Los agentes me comunicaron que la monja, dentro de dos días, mandaría a unos ladrones a robarlas. Pero haciéndose pasar por personas de confianza de ella. Les ordené a cada uno ir a los lugares donde se encontraban las reliquias e intentar que no las robaran. Mientras tanto yo me fui a España a ver a la Duquesa de Alba.  Le pedí que me dejara acceso a las reliquias, con la excusa que mi prima iba a escribir un libro sobre ellas. En realidad  no se podía entrar, ni siquiera la Duquesa tenía acceso. Al final accedió a dejarme verlas a cambio de unos favores un poco especiales. Es sabido que la Duquesa siente debilidades por los hombres jóvenes y yo lo era.

                En un momento en que ella me dejo solo en su habitación, cogí su bufanda y la deje cerca de las reliquias. Ella amablemente me pidió que me quedará más tiempo. Incluso llegó a ofrecerme dinero. No podía permanecer más tiempo, así que la deje y regresé a Roma con mi familia.

                Transcurrieron los dos días más estresados de mi vida, esperando noticias de mis agentes. Las personas en la ciudad estaban inquietas y las masas buscaban culpables.
 La Policía se afanaba en buscar a los ladrones de las reliquias. Al famoso detective Alí, natural de Arabia Saudí pero afincado en España, lo habían enviado a resolver el caso. No sé si lo conseguiría.  Al final, frente a la falta de culpables, decidieron encarcelar a todos los sospechosos. Una decisión aprobada por el Pontífice.

                En la actualidad, disfruto de mi vida en Alicante con mi familia.  Pero seguro que queréis conocer que es lo que paso realmente, quien es el verdadero ladrón.  Os lo voy a contar. Los agentes mandados por  la monja vinieron a robar las reliquias, y eso es lo que hicieron. Los agentes que yo contraté, consiguieron interceptarlos por el camino y quitárselas. Lo que provocó que se dejaran huellas de todos los sospechosos.

Mis hombres me dieron las reliquias.  Y como me había aconsejado el anciano, las trasladé al país del arca perdida, Armenia.  Había que unirlas en una especie de plato de oro que se encuentra en el templo de Garní. Este templo es el único  conservado en este país que no fue destruido por los cristianos. Además, Armenia es el primer país cristiano del mundo desde el año 301. Cuando deposité las reliquias pasó algo inexplicable. Se hizo un agujero en el techo del templo y entro la luz. Y una voz casi inhumana y muy oratoria empezó a hablar. Esa voz era el propio creador. Le fui preguntando y él me respondió a todo. Por fin mis dudas se habían disipado.  Pero si queréis que os cuente lo que me dijo, tendréis que atraparme primero y obligarme a hablar.

Año 2015……

Todo Noticias: Un guardia de seguridad encuentra el dedo de Santa Teresa, dentro de una caja, en perfecto estado de conservación. Otras tres reliquias han sido halladas en Alba de Tormes y el resto en sus lugares de procedencia.  Algo increíble desde hace años para el mundo. Los sospechosos encarcelados han sido puestos en libertad.

Todos pensaban que fue Dios quien las envió. Pero tanto yo como ustedes sabemos quién fue.
 Jerar Khachatryan

sábado, 14 de marzo de 2015

Diario de un policía. Detective John Jeferson



Caso Nº 424: El Robo de las reliquias de Santa Teresa de Ávila 

                                                                                              Alicante 27 de Noviembre del 2014
                                                                                                                                             8:30 a.m

            Soy el detective de policía Jesús. Me acaban de asignar un caso de robo un tanto peculiar, se trata de las reliquias de Santa Teresa de Ávila. Han sido sustraídas de todos los países en los que estaban custodiadas. Lo más curioso es que todos los robos se produjeron el mismo día, cosa que es un tanto difícil si pensamos que solo puede haber sido una persona. El cuerpo de la Santa se encuentra  en un sepulcro en el Convento de Alba de Tormes.
            Sólo se puede abrir con diez llaves que poseen  distintas personas y están dispersadas a lo largo de toda la geografía. Las necesito  para saber si el cuerpo también lo han robado. Tres de las llaves las tiene el Superior de la Orden los Carmelitas Descalzos, otras tres las tiene la Priora del Convento de Alba de Tormes,  tres más la Duquesa de Alba  y la última llave la tiene el Rey de España Felipe VI.
            Esta es la lista de sospechosos que me han enviado  para interrogar: El Superior de la Orden de los Carmelitas descalzos, el Director de los Museos Vaticanos, la Priora del Convento de la Encarnación, la Priora del Convento de San José, la Priora del Convento de Alba de Tormes y el líder de la secta milenarista.
                                                                                                  Alicante 2 de Diciembre del 2014
12:09 p.m

            Lo primero que el teniente de la comisaria de Alicante me ha pedido es ir en busca de las llaves. Así que estoy en camino hacia el Palacio de la Zarzuela para hablarle del caso al Rey y pedir su colaboración.  Después de escucharme atentamente, nos a dado la llave.  Lo siguiente será ponerme en camino hacia el palacio de Liria en Sevilla donde se encuentra la Duquesa.
            Ya  hemos llegado a Sevilla.  Le cuento lo sucedido a la Duquesa y amablemente me ofrece sus tres llaves. Al día siguiente me espera otro viaje por la geografía española. Me pongo en marcha a las 7:00 a.m hacia el convento de Alba de Tormes, en Salamanca, para hablar con la Priora, que tiene en sus manos otras tres llaves.
                                                                                Alicante 9 de Diciembre del 2014                         
12:03 p.m
            Tan sólo un día después de haber conseguido las siete llaves, tendría que dirigirme a Italia en busca de las restantes. Me asignaron un compañero nuevo que venia desde Murcia,  el cual había visto alguna que otra vez en las oficinas cuando yo trabajaba allí.           
            En el avión me limite a guardar silencio. A mi parecer me resultaba bastante confortable, ya que recordaba que mi antiguo compañero era bastante charlatán. Él se veía un poco incomodo e intentaba sacar temas de conversación. Para no incomodarle llamé a la azafata y le pedí una almohada para dormir.
            Al llegar a Roma fuimos  a la comisaria central donde nos estaban esperando. Cogimos un coche y fuimos hacia donde se encuentra  el Superior de la Orden de los Carmelitas Descalzos. Lo encontramos un tanto nervioso y con la mirada fría. Como si nuestra presencia le incomodara. Nos acompañaba un policía de la zona que hablaba castellano, por lo que no tuvimos dificultad para hacernos entender.
            El Superior estaba al tanto de todo lo ocurrido pero en un principio no se le veía con ganas de colaborar. Al final, cuando estábamos a punto de rendirnos y volver al día  siguiente, cedió y nos dio sus llaves.
                                                                                             Alicante 11 de Diciembre del 2014           
09:09 a.m
            Al fin teníamos las diez llaves. Aprovechamos para ir al Convento de Santa María della Scala, donde antes se encontraba el pie izquierdo de la Santa, para interrogar a la gente. Una avería en uno de los coches nos retrasó y tuvimos que dejarlo para el día siguiente.
            Allí nos recibieron bastante bien, se notaba un ambiente cómodo y acogedor. Estuvimos un buen rato esperando al Superior del Convento. Cuando llegó, amablemente nos llevó hasta donde antes se  encontraba la reliquia. Nos explicó que el día del robo, el tuvo que salir y no regresó hasta la noche. Estábamos sorprendidos de que estuviera tan calmado. No teníamos mucho más tiempo así que nos despedimos y fuimos al hotel por nuestras cosas. Le dijimos al comisario que continuara él con los interrogatorios y volvimos a España.

                                              Alicante  13 de Diciembre del 2014                                                         
8:59 a.m

            Una vez llegados a España, fuimos inmediatamente a comprobar si seguía el cuerpo de la Santa en el sepulcro. Al abrirlo nos sorprendió un poco lo que vimos, pero el cuerpo estaba allí. Habría sido dificultoso robar las llaves y haber alertado a la policía.
            Estábamos en una encrucijada. Teníamos los sospechosos pero no nos hacia gracia tener que volver a interrogarlos uno por uno. Ya que suponía muchas horas de viaje. El comisario mandó aviso a cada sospechoso con el fin de que se reunieran en nuestras oficinas de España. Estábamos seguros que entre ellos estaría el ladrón o los ladrones. Pasó una semana hasta que al fin pudimos reunirlos a todos,  excepto al líder de la secta. Era nuestro primer sospechoso, pero no nos importó ya que teníamos a la mayoría.                                                                        
Alicante  20 de Diciembre del 2014
10:00 a.m
                                                                                             
            Comenzaron los interrogatorios. Al primero que teníamos en nuestra lista era el Superior de la Orden de los Carmelitas Descalzos, el cual ya conocíamos de nuestro viaje a Roma. Después de seis horas sólo  teníamos  a la mitad, así que lo dejamos para el día siguiente.
            El Superior de la orden tenía coartada, al igual que el Director de los Museos  Vaticanos y la Priora del Convento de la Encarnación. Algo se nos escapaba. Pero estábamos tan cansados que dejamos de pensar en ello. Ya era de noche y los sospechosos se alojaron en un hotel donde pusimos vigilancia policial. Volví a casa pero no pude pegar ojo pensando en el caso. Estaba ansioso por ver lo que sucedería mañana.


                                                                                              Alicante 21 de Diciembre del 2014
10:05 a.m

            Hoy ocurrió una cosa curiosa.  Al interrogar a la Priora del Convento de Alba de Tormes, se puso tan nerviosa que lo confesó todo. Nos contó que todo fue idea del Superior de la Orden de los Carmelitas Descalzos, pero que no lo hizo con mala intención.  Si no no lo hubieran ayudado los demás.
            El mismo acabó al final confesándolo todo. Las habían escondido en la casa del Director de los Museos Vaticanos. Querían que estuviesen todas las reliquias juntas para honrar la memoria de la Santa. Hicimos un trato, no pondríamos cargos si dejaban todo como estaba, cada reliquia en su lugar. Pero les advertimos que no volvieran a intentar nada parecido, si no esto se convertiría en un circo mediático.
Así este caso concluyó sin ningún tipo de problema.

John Jeferson Muenala Álvarez