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sábado, 28 de marzo de 2015

Inspectora Silvia Raso Esteban



El 5 de febrero fuimos informados del robo simultáneo de las reliquias de Santa Teresa de Jesús de todos los lugares donde estaban custodiadas. Asimismo, se nos dijo que este robo podía tener graves consecuencias por la importancia de la santa y por la proximidad de las celebraciones por el V centenario de su nacimiento el próximo 28 de marzo de 2015. Estaba claro que el robo había sido cuidadosamente planeado y organizado durante mucho tiempo y había sido perpetrado por un grupo coordinado de personas.
Nuestro primer paso fue comprobar si el sepulcro de la santa en Alba de Tormes también había sido profanado. Nos desplazamos inmediatamente a Alba de Tormes para interrogar a la superiora del convento donde se localiza el sepulcro de la santa. Isabel Mendoza García, priora del convento de las carmelitas descalzas, nos recibió sin demora y nos mostró los lugares de donde habían desaparecido las reliquias expuestas -el corazón y el brazo izquierdo- en la sala de la Santa de la Iglesia de la Anunciación. Nos llevó también al centro del retablo barroco de la Capilla Mayor, lugar donde se encontraba el sepulcro con los pocos restos del cuerpo de la santa que no fueron repartidos por el mundo.
Tal como se puede apreciar en la fotografía adjunta, el sepulcro no presentaba señales de haber sido abierto. En cualquier caso, debíamos comprobar que los restos se encontraban todavía en el interior del mismo. Le pedimos a la priora permiso para abrirlo, pero nos contó que eso solo sería posible si conseguíamos reunir las diez llaves que lo cerraban. Eso no iba a ser tarea fácil, pues sus guardianes son personas muy diferentes: en el convento de Alba de Tormes las monjas guardan tres llaves, la duquesa de Alba posee otras tres llaves, el superior general de la Orden Carmelita custodiaba tres llaves más en Roma y, por último, el rey de España estaba en posesión de la última llave.
A partir de este momento decidimos repartirnos el trabajo para avanzar más rápidamente. El Grupo de Historiadores se encargó de hacer un inventario de las reliquias robadas y hablar con las personas encargadas de su custodia para recabar toda la información posible sobre los robos. El Grupo de Relaciones Públicas se encargó de ponerse en comunicación con los guardianes de las llaves del sepulcro para poder proceder a su apertura. Los resultados obtenidos por ambos grupos se recogen en las páginas siguientes.

Informe Grupo de Relaciones Públicas
La priora del convento de Alba de Tormes, Isabel Mendoza García, se encontraba muy consternada. El robo de las reliquias ponía en peligro las futuras celebraciones del V centenario del nacimiento de la santa que incluían la visita del Papa para celebrar eucaristías en Ávila, ciudad natal de la santa, y en Alba de Tormes. Ofreció toda su colaboración para resolver lo más rápidamente posible los robos y para recuperar las reliquias, que tenían en sus propias palabras “un valor incalculable”. Nos dijo que precisamente hacía dos semanas habían recibido la visita del secretario del superior general de la Orden Carmelita para comprobar las medidas de seguridad que protegían las reliquias. Estaba muy preocupada por el disgusto que se llevaría el superior general por los robos. La priora nos indicó que había comprobado que las tres llaves del convento seguían en su sitio y que podríamos disponer de ellas para la apertura del sepulcro en cuanto se consiguieran reunir las diez.  Ella personalmente llamó a la duquesa de Alba –con la que la unía una gran amistad- para solicitarle su ayuda. Nos dijo que, dada la íntima relación que mantenía con la familia real, seguramente la duquesa de Alba podría hablar con el rey para disponer de la llave que tenía en custodia. Asimismo, se ofreció a acompañarnos a viajar a Roma para entrevistarnos con el superior general de la Orden Carmelita y pedirle que nos cediera sus tres llaves para poder abrir el sepulcro. Nos dimos cuenta que esta monja podía sernos de gran ayuda y le agradecimos su colaboración.
Inmediatamente se puso al habla con la duquesa de Alba, la cual no puso ninguna objeción a ceder sus llaves para llevar a cabo la investigación. Tal como había previsto la priora, la duquesa llamó a la Casa Real para solicitar la entrega de la última llave. En ambos casos, podríamos disponer de ellas en cuanto un transporte seguro pudiera hacerlas llegar a Alba de Tormes. Tanto la duquesa de Alba como los portavoces de la Casa Real se mostraron muy sorprendidos con la noticia de los robos. Aseguraron que las llaves seguían en su posesión y que nada sospechoso les hacía suponer que hubieran podido ser robadas y después devueltas a su lugar. De todos modos, accedieron a que nuestros compañeros de la policía judicial inspeccionaran los lugares donde se guardaban las llaves por si encontraban alguna señal extraña. De hecho, en el Palacio de Liria, residencia de la Casa de Alba en Madrid y lugar donde la duquesa custodiaba la llave, se encontraron señales de que se había intentado forzar la caja fuerte donde se guardaba, aunque aparentemente sin resultado. Se estudió la habitación donde estaba la caja fuerte y se recogieron todas las huellas dactilares y restos que se hallaron para su posterior análisis. La duquesa manifestó que no tenía conocimiento de estos hechos, ya que estaba desde antes de Navidad en su palacio de Sevilla. La inspección del lugar de custodia de la llave en el Palacio de la Zarzuela, residencia real, no arrojó ningún indicio de intento de robo. La seguridad en el Palacio de la Zarzuela es mucho mayor que en el Palacio de Liria y sería mucho más improbable que se pudiese cometer un robo allí y que pasase desapercibido.
Tanto las llaves procedentes del Palacio de Liria como la llave custodiada por el rey llegaron a Alba de Tormes a última hora de la tarde de ese mismo día 5 de febrero y quedaron custodiadas en el puesto de la Guardia Civil de Alba de Tormes sito en la calle de Cuatropea, 16.
La priora del convento de Alba de Tormes se comunicó con el superior general de la Orden Carmelita, don Saturnino Menéndez Pereda, que accedió a recibirnos al día siguiente en su despacho para hacernos entrega de las llaves que obraban en su poder. Reservamos a toda prisa dos billetes para el primer vuelo de la mañana a Roma, uno para doña Isabel Mendoza y otro para el inspector Canales, uno de los miembros del equipo más experto en vigilancia y custodia de pruebas. Ambos se entrevistaron con don Saturnino Menéndez (en la foto), quien con anterioridad había manifestado su disgusto porque el cuerpo de la santa se encontrase desmembrado por diversas partes del mundo. Les reiteró a la priora y al inspector Canales que a él le gustaría que todas las reliquias fueran reunidas en un lugar único en Roma para su reposo y culto. Les dijo también que, dada la proximidad de las celebraciones del V centenario de la santa, él mismo había enviado a su secretario principal, Giovanni Pimpinelli, a comprobar que todas las reliquias estaban bien seguras en los lugares en los que se encontraban. Dentro de esa ronda de visitas el secretario había estado en el convento de Alba de Tormes como la priora ya nos había indicado. Por eso, el superior general les indicó su deseo de que su secretario los acompañara de vuelta a Alba de Tormes para no perder de vista en ningún momento las tres llaves y para que le informase personalmente del desarrollo de la investigación. Así pues, a última hora de la tarde, el inspector Canales, doña Isabel Mendoza y don Giovanni Pimpinelli (en la foto) regresaron a Madrid, llegando a Alba de Tormes en la madrugada del día 7 de febrero.

En la mañana del 7 de febrero estuvieron también disponibles los resultados de los análisis de las huellas y restos hallados en el Palacio de Liria. Una vez descartados los empleados de toda confianza de la duquesa, señalaban como sospechoso a don Antonio Jiménez Martín (en la foto). Se trataba del párroco de la Parroquia del Buen Suceso situada en la calle Princesa, cercana al palacio, y conocido por los empleados porque visitaba a menudo a la duquesa cuando esta se encontraba en Madrid. Los empleados recordaban que había visitado el palacio hacía dos semanas con la excusa de contemplar el retrato de Santo Domingo de Guzmán de Zurbarán expuesto en la biblioteca. Aunque esta visita les extrañó en ausencia de la duquesa, le permitieron el paso al ser conocido el interés del sacerdote por la vida y obra del santo, sobre el que estaba escribiendo un libro. Esta visita le colocaba en el punto de mira y a partir de este momento se decidió que debían vigilarse sus movimientos.

Informe del grupo de Historiadores
Una pequeña investigación de los hechos históricos reveló que nueve meses después de la muerte de Santa Teresa de Jesús abrieron el ataúd y comprobaron que el cuerpo estaba incorrupto. Antes de devolver el cuerpo al cofre de enterramiento le diseccionaron una mano y la llevaron a Ávila. De esa mano, según su propio relato, le cortó el padre Gracián el dedo meñique. Reunido el capítulo de los carmelitas descalzos, acordó que el cuerpo de Teresa debía volver a Ávila y ser custodiado en el Convento de San José, pero las monjas del convento de Alba de Tormes pidieron quedarse con un brazo como reliquia. Cuando el duque de Alba se enteró del traslado, envió sus quejas a Roma e hizo negociaciones para recuperarlo. El cuerpo volvió de nuevo a Alba de Tormes. Después de estos hechos no la volvieron a trasladar más, pero se extrajeron varias reliquias que se conservaban en muy diferentes localizaciones:
- El pie derecho y parte de la mandíbula superior, en el convento de Carmelitas Descalzos de Santa María de la Escala de Roma.
- La mano izquierda, en Lisboa.
- El ojo izquierdo y la mano derecha, en Ronda, España.
- El brazo izquierdo y el corazón, en sendos relicarios en el museo de la iglesia de la Anunciación en Alba de Tormes.
- Un dedo, en la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto en París.
- Otro dedo en Sanlúcar de Barrameda.
- Otro dedo en las Carmelitas de San José de Ávila. Allí también se custodiaban objetos de propiedad de la santa como el báculo que usaba en su vejez, un rosario y una sandalia.
- Dedos y otros restos santos, esparcidos por España y toda la cristiandad.
- Una de las clavículas del cuerpo en Bruselas.
- Otras partes y miembros en Gent y en Antwerpen, Bélgica.
- Pedazos de carne en las Carmelitas de Madrid, las Carmelitas de Valladolid y las Carmelitas de Malagón. No es fácil determinar el paradero de la infinidad de pedacitos de carne, extraídos del cuerpo de la Madre Teresa.
- Trozos de tela mojados en su sangre dispersos por la geografía española.
- La correa del hábito con el que fue enterrada en las Descalzas de Zaragoza.
- El velo de la santa en las Carmelitas de Calahorra.
- La sábana que envolvió su cuerpo en las Carmelitas de Granada.

Al ser tantos los lugares en los que había reliquias de Santa Teresa, tuvimos que pedir ayuda a la Guardia Civil para acudir a los lugares más señalados, interrogar a posibles testigos y recabar información acerca de los robos. Nos pusimos también en contacto con Interpol para investigar fuera de nuestro país (Lisboa, Bélgica, París y Roma). Los resultados iniciales de las investigaciones realizadas fueron llegando a lo largo del día 6 de febrero. En la mayoría de los casos, los testigos no habían visto nada sospechoso antes del robo de las reliquias; incluso en alguno no habían reparado en el robo hasta que los investigadores les hablaron de ello. Muchos indicaron que hacía poco que habían recibido la visita del secretario del superior general de la Orden Carmelita, Giovanni Pimpinelli, para asegurarse de que las medidas de seguridad que protegían las reliquias eran adecuadas. Resultaba curioso que los robos se hubieran producido poco después de una inspección de seguridad, cuando las reliquias habían permanecido durante cientos de años sin problemas en sus lugares de custodia. Además, al ser Giovanni Pimpinelli la persona elegida para custodiar las llaves del superior general, se decidió que merecía la pena mantenerle bajo vigilancia.

Resolución del caso
El día 7 de febrero a las 12 horas del mediodía nos dirigimos a la Iglesia de la Anunciación de Alba de Tormes para proceder a la apertura del sepulcro de Santa Teresa de Ávila. Estábamos presentes los inspectores Canales y Raso de la Policía Nacional, el teniente Celada de la Guardia Civil, la priora del convento y el secretario del superior de la orden Carmelita. Las llaves fueron progresivamente utilizadas para abrir el sepulcro y, al levantar la tapa, comprobamos que los restos de la santa permanecían en su lugar. El sepulcro fue cerrado de nuevo bajo las diez llaves y se decidió que, ante la amenaza de nuevos intentos de robo, dos agentes permanecerían vigilándolo. Las diez llaves se custodiarían en el puesto de la Guardia Civil por si era necesario abrir otra vez el sepulcro antes de concluir la investigación.
Por la tarde los equipos de seguimiento de Giovanni Pimpinelli nos informaron de que este había acudido al Hotel Cuatro Postes de Ávila y había permanecido allí durante tres horas. Esto resultaba sospechoso porque los compañeros que investigaban sectas habían detectado en este hotel reuniones extrañas de la secta milenarista de los Cuatro Postes. Algunos exmiembros de la secta les habían informado de que el líder, Marcelino Villarrubia López, era el dueño del hotel y predicaba la llegada del fin del mundo para el 28 de marzo, V centenario del nacimiento de Santa Teresa, si se conseguían reunir las partes desmembradas de su cuerpo antes de esa fecha. El equipo de sectas identificó al párroco del Buen Suceso de Madrid, Antonio Martín Jiménez, como un asiduo asistente a las reuniones de la secta, aunque lo hacía bajo una identidad falsa. De hecho, este había acudido al Hotel Cuatro Postes esa misma tarde al mismo tiempo que Giovanni Pimpinelli, lo que hacía sospechar que se habían reunido con dirigentes de la secta. A partir de estos datos estrechamos el cerco alrededor de estos dos hombres y de la secta Cuatro Postes.
A las 2:15 de la madrugada del día 8 de febrero una de las ventanas de la Iglesia de la Anunciación en Alba de Tormes estalló en pedazos. Los dos agentes encargados de la vigilancia del sepulcro se dirigieron inmediatamente hacia fuera del templo para ver qué había pasado, pero al abrir la puerta fueron atacados con un gas adormilante que les hizo casi efecto instantáneo. A pesar de esto, uno de ellos fue capaz de pulsar la tecla de emergencia de su teléfono móvil. Al recibir la señal de emergencia, se movilizaron los guardias civiles y los policías desplazados a Alba de Tormes y se consiguió detener a dos sospechosos que huían a toda velocidad en coche hacia Ávila. Uno de ellos resultó ser Antonio Jiménez Martín, el párroco del Buen Suceso de Madrid, y el otro, el líder de la secta de los Cuatro Postes, Marcelino Villarrubia López. Al volver con ellos detenidos al puesto de la Guardia Civil, descubrimos que Giovanni Pimpinelli, el secretario, había intentado entrar para robar las diez llaves del sepulcro. Sin embargo, había sido descubierto y detenido también.
Durante el interrogatorio tanto Antonio Jiménez como Marcelino Villarrubia reconocieron su implicación en los robos de las reliquias de Santa Teresa y señalaron al superior general de la Orden Carmelita, Saturnino Menéndez, y a su secretario, Giovanni Pimpinelli, como los dirigentes de la operación de “recuperación” de las reliquias. Se mostraron convencidos de que era vergonzoso que la santa estuviera despedazada por todo el mundo y de que sus reliquias debían ser reunidas para que reposaran en Roma. Villarrubia declaró también que la reunión de las reliquias provocaría el fin del mundo tal y como ahora lo conocemos e implicaría que todos los iniciados podrían comunicarse con Dios a través de la oración, tal y como la santa describió en sus experiencias místicas. Giovanni Pimpinelli confesó el lugar donde habían reunido las reliquias y estas fueron recobradas intactas.
A partir de todas las informaciones concluimos que secretario general de la Orden Carmelita, Saturnino Menéndez, había elaborado un plan para el robo simultáneo de las todas las reliquias de Santa Teresa. Se había servido de su secretario, Giovanni Pimpinelli, para recopilar información acerca de los sistemas de seguridad de los lugares en los que se custodiaban. Había contactado con el líder de la secta de los Cuatro Postes para poder utilizar a sus miembros para cometer los robos. La idea era robar también los restos guardados en el sepulcro y, para eso, había reclutado también al párroco del Buen Suceso de Madrid, porque era conocido por la duquesa de Alba y podía hacerse con las tres llaves que ella guardaba y obtener información sobre la llave custodiada por la Casa Real. Pero Antonio Jiménez Martín había fallado en su intento. Por eso, debían aprovechar que las diez llaves estaban reunidas para hacerse con ellas y abrir el sepulcro. El hecho de que las diez llaves estuviesen repartidas y fueran tan difíciles de reunir fue lo que frustró sus planes. Todos los implicados fueron detenidos y encarcelados. Por tanto, el 28 de marzo podrá celebrarse el V centenario del nacimiento de Santa Teresa sin ningún problema y las reliquias volverán a los lugares de los que fueron robadas. Eso se supone que es algo bueno.
En Madrid, a 9 de febrero de 2015

Fdo. Inspectora Silvia Raso Esteban
Policía Nacional

Detective Lucas Estévez Fidalgo


El detective Rodrigo Orquín y la engañosa casa de Burgos



Eran las 6 de la mañana, se estaba yendo un cliente, y de repente sonó el teléfono, era la guardia suiza del Vaticano, me avisaban de que se habían robado las reliquias de Santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes, Roma, Bruselas y  París. Me quedé sorprendido, ya que algo tan serio e importante no me lo habrían contado a mí. Me dijeron que necesitaban mi ayuda y que me reuniera con ellos en el palacio de Liria a la mayor brevedad. Cuando fui al palacio me recibió la duquesa Cayetana y sus hijos Eugenia, Cayetano y Carlos, el heredero. Me comunicaron que tendría que visitar con ellos el convento en el que hay reliquias de la santa y comprobar si seguían allí después de reunir las llaves. Al día siguiente partieron a Roma la duquesa y él. Hablaron con el Superior general de la Orden de los Carmelitas descalzos, él no se las dio, por lo que pensaron que podría haber sido él, pero no contaron la noticia, por la noche le cogieron las llaves, las hicieron copias y las dejaron donde estaban, al día siguiente volvimos a Madrid y le pedimos la llave al Rey de España, Felipe VI, él nos la dio encantado. Y fuimos al convento de Alba, y abrimos la tumba, en la que no estaban los restos, pero si un túnel.

 Nos quedamos sorprendidos y llamamos a la policía, para que explorarán el túnel. Llegué con ellos al final del túnel y aparecimos en una sala llena de lujos. Salimos fuera de la habitación y nos encontramos con algunos monjes, que pertenecían a la secta milenaria "Cuatro postes". Nos contaron que en esa habitación no vivía nadie y que era una habitación de invitados. Pero que no la habitaba nadie desde hace 1 año. Nos reunimos con el líder de la secta, él dijo que desconocía la existencia de ese túnel. Sabíamos perfectamente que mentía, ya teníamos la primera pieza del puzzle y faltaban las demás. Durante los siguientes días hablamos con Ramón, estuvo en la secta hace menos de 6 meses. Nos contó que tenían malas relaciones con importantes personas dentro de la Iglesia Católica como el director de los museos vaticanos y varias prioras de conventos como el de Alba de Tormes. Nos estábamos confiando demasiado, creíamos que era él antes de asegurarnos. Todos recelábamos de él, pero era muy poderoso y nadie quería arriesgarse. Llamamos al director de los museos vaticanos, para que nos aclarara porque mucha gente tenía una mala relación con el líder de la secta y nos explicó: que se la tenía jurada a muchas personas dentro de la Iglesia debido a que su persona de referencia era Lutero y le expuso al papa Benedicto XVI hace 5 años, 95 tesis contra la Iglesia Católica. Pidiendo la apertura a una nueva rama del cristianismo, la que se le negó. Entonces empezó a predicar unas ideas muy diferentes a la cristiandad, por lo que no era una rama del cristianismo sino una religión pagana. Sabia que si robaba la reliquias de Santa Teresa, haría sufrir a los cristianos. Acto seguido nos fuimos.
Al día siguiente nos llamó, porque se le había olvidado contarnos una cosa muy importante, era amigo del Superior general de la Orden de los Carmelitas descalzos. Que también era muy poderoso y quería las reliquias por lo que las podía haber robado o haber sido cómplice del robo.
Cayetana llamó a unos químicos para que analizarán las huellas dactilares que había en el armario de la habitación de la secta. Una semana después tenía los resultados de la prueba y eran del líder de la secta. Era una prueba, pero no era suficiente. Nos colamos en la Secta para buscar documentos sobre algún tratado o pacto con el Superior general de la Orden de los Carmelitas descalzos, y encontramos un sobre en el que ponía de Anselmo, que era el Superior general de la Orden de los Carmelitas descalzos, y dentro había un sobre con un cheque de 500.000 euros. Pensamos que era el pago por robar la reliquias y entregárselas. Entonces encontramos una dirección, que cambiaría el rumbo de toda la investigación, había una en Burgos en la que supuestamente estaban escondidas las reliquias de Santa Teresa.
Fuimos inmediatamente para esa supuesta casa, cuando la vi pensé que era digna de un rey, ya que era alta y grande, y parecía que tenía unos cuantos de cientos de años. Preguntamos de quién era, y no nos sorprendimos al saber la respuesta, era propiedad de la Orden de los Carmelitas descalzos. Entramos dentro y todo parecía en orden, la casa no estaba habitada. Ya estábamos a punto de irnos, pero me caí sobre una columna, y se movió, de repente apareció de la nada un túnel subterráneo. Bajamos a toda prisa, y allí estaban, todos los restos mortales de Santa Teresa de Jesús. Ya habíamos desentrañado el misterio de la localización de las reliquias. 
Unos días después, hable con Cayetana, y la explique que habíamos descubierto donde estaban escondidas, pero no a  los ladrones. Teníamos las pruebas suficientes para llevarles a juicio y que fueran condenados. Y así hicimos, llamamos a su abogado y en un día ya teníamos redactada la demanda. Y fuimos a la policía que nos había acompañado para denunciarles.
Cuando ya faltaban unos pocos días para el quinto centenario de la santa, todas las reliquias estaban devueltas a sus correspondiente lugares. El Superior General de la Orden de los Carmelitas descalzos, se había quedado sin las suyas, por el robo y encima había sido condenado a 10 años de cárcel juntó a líder de la secta, ellos eran los organizadores, sin embargo ellos nunca delataron a los ladrones.
                                                                                                     Rodrigo Orquín Sánchez

viernes, 13 de marzo de 2015

Detective Jorge Rodrigo Álvarez



Estaba en mi despacho contando el dinero de mi antiguo informe cuando entró mi secretaria por la puerta. Me dijo que me pasaría una llamada. Yo no me sorprendí porque al ser el detective más importante de España solía tener que resolver muchos casos al día. El teléfono empezó a sonar, como me había dicho mi secretaria, y lo cogí. Oí una voz extraña que me dijo:
– ¡Han robado todas las reliquias de Santa Teresa! ¡Las necesitamos dentro de un mes y no sabemos dónde están! Ya solo falta comprobar si han robado los restos del cuerpo. No hemos podido hacer nada. Las han robado todas el mismo día. ¡Ayúdanos por favor!
Después de esto me colgó. Yo me quedé de piedra. Estuve repitiendo las palabras que me había dicho. No me lo podía creer. Lo primero que hice fue empezar a buscar información sobre las reliquias. Si no sabía lo que habían robado nunca podría resolver el caso. Descubrí que estas eran las reliquias
·        El pie derecho y parte de la mandíbula superior están en Roma
·        La mano izquierda, en Lisboa
·        El ojo izquierdo y la mano derecha, en Ronda (España). Esta es la famosa mano que Franco conservó hasta su muerte, tras recuperarla las tropas franquistas de manos republicanas durante la Guerra Civil Española.
·        El brazo izquierdo y el corazón, en sendos relicarios en el museo de la iglesia de la Anunciación en Alba de Tormes. Y el cuerpo incorrupto de la santa en el altar mayor, en un arca de mármol jaspeado custodiado por dos angelitos, en dicha iglesia.
·        Un dedo, en la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto en París.
·        Otro dedo en Sanlúcar de Barrameda.
·        Dedos y otros restos santos, esparcidos por España y toda la cristiandad.
También me informé que las llaves que cierran el sepulcro de Santa Teresa las tenían la Duquesa de Alba y otras personas de Roma. Salí de mi despacho rápidamente con toda la información que tenía y me dirigí al Palacio de Liria en Madrid, que era donde la Duquesa de Alba vivía. Cuando llegué a la puerta había tres guardias cerrándome el paso. Les dije que tenía que pasar urgentemente pero no me dejaron. Volví al coche y saqué mi placa de policía. Cuando se la enseñé, me dejaron pasar.
Era todo inmenso. En ese momento entendí porque lo llamaban palacio. Entré allí y pregunté por el despacho de la Duquesa. Me dieron unas indicaciones y fui hacia allí. Cuando entré en la habitación me di cuenta que acababa de entrar en el salón. La Duquesa estaba desayunando. Hice una reverencia lo más rápido posible, porque tenía mucha prisa. Le dije que necesitaba ver las llaves del sepulcro de Santa Teresa. Ella le pidió a un trabajador del palacio que se las trajera. Cuando me las enseñó pude deducir que no se las habían robado así que los restos del cuerpo de Santa Teresa estaban donde tenían que estar. Salí del palacio, dándole las gracias a la Duquesa de Alba, y me dirigí a mi despacho. Allí empecé a buscar información y pude empezar a descubrir algún sospechoso.
·        Superior general de la Orden de los Carmelitas descalzos
·        Director de los Museos Vaticanos
·        Priora de la Encarnación
·        Priora del Convento de San José
·        Priora del Convento de Alba de Tormes
·        Líder de la secta milenarista "Cuatro postes"
espués de deducir todo esto, me puse a investigar. Al primero que quería interrogar era al superior general de la Orden de los Carmelitas descalzos. Me informé de que vivía en Roma. Pensé que sería mejor dejar a los que vivieran en otros países para el final. Decidí que iba a interrogar a la Priora de la Encarnación. Me enteré de que vivía en Ávila, en el Convento de la Encarnación. Empecé mi viaje que duraría dos horas y media. Cuando llegué allí me encontré con un edificio parecido a un monasterio. Tenía una puerta de madera gigante en la que había tallada una inscripción. En la inscripción ponía:

 
Entré dentro y vi dos monjas paseando por el convento. Las pregunté que donde estaba la Priora de la Encarnación. Me dijeron que estaba reunida. Yo insistí porque no podía perder esa oportunidad y ellas me dieron las señas de dónde se encontraba la Priora. Cuando llegué a ese sitio vi una puerta antigua y pequeña. Sin pensármelo dos veces, la abrí. Cuando entré lo primero que vi fue una gran mesa y a su alrededor había un gran número de monjes y monjas. Reconocí a la Priora de la Encarnación, pero las otras caras me recordaron a algo. Intenté hacer caso omiso a lo que acababa de pensar, para no desconcentrarme, y la pregunté a la Priora si ella podía abandonar la sala un momento porque tenía que hablar con ella sobre un asunto importante. Ella asintió y salió fuera. La dije que la tendría que hacer unas preguntas sobre el robo de las reliquias de Santa Teresa. Ella me respondió:
– Dígame pero, por favor, que sea rápido porque en estos momentos estoy teniendo una reunión sobre ese tema. Nos hemos reunido unas hermanas para saber cómo solucionar eso
– Pues fíjese, yo estoy investigando ese tema. ¿Me podría decir quien está presente en esa reunión?
– Están la Priora del Convento de San José, la Priora del Convento de Alba de Tormes, las superioras de este convento y el director de los museos vaticanos
– ¿Me podría hacer un favor? ¿Me podría dejar entrar en esa reunión? Es que tengo una lista de personas a las que tengo que interrogar y muchas de ellas están ahí.
– Vale. Pero antes me tienes que hacer un favor. Tienes que hacer como si no supieras nada sobre el caso y culpar al líder de la secta milenaria “Cuatro Postes”. Todo el mundo cree que él robó las reliquias pero estoy casi segura de que fue el director de los museos vaticanos. Tienes que apoyarles y seguirme la corriente. Creo que podríamos hacer un buen equipo juntos porque yo también he hecho investigaciones.
Después de esta conversación volvimos a la sala de reuniones. Allí estuve más o menos 3 horas apoyando la idea de que el líder de “Cuatro Postes” era el culpable. Cuando acabó la reunión volví a hablar con la Priora. Me di cuenta que no sabía su nombre ni ella el mío. Se lo pregunté y me dijo que se llamaba María. Yo le dije que me llamaba Jorge. Después me dijo su plan. Me explicó que antes de la reunión había estado hablando con su acompañante con la expresión de estar tramando algo. Después, él había sido el que le había apoyado y que, además, había convencido al grupo. Su plan era grabar un audio en el que se oyese como tramaban el plan. María me contó que después de la reunión cada persona o grupo de personas tenía una habitación para recoger sus pertenencias. Ella me dijo que teníamos que ir allí y grabarles.
Fuimos lo más rápido que pudimos. Cuando llegamos al pasillo de las habitaciones, María se dirigió a la habitación del director. Yo fui sacando mi móvil para poder grabar. Lo hice tan rápido que ya estaba grabando antes de que llegáramos a la habitación.  Cuando llegamos, pudimos ver que estaba la puerta casi cerrada pero lo suficientemente abierta para poder oír la conversación. Ella y yo nos pusimos a escuchar la conversación:
 – Nos ha salido bien la jugada. Se lo han creído todos
– Ya, jefe. Su plan era perfecto.
– ¿Sabes lo que vamos a hacer ahora? Vamos a ir de vuelta a Roma y allí conozco a unos amigos que tienen una empresa de asegurador de objetos. Como muchas de las reliquias las tenemos en España, iremos allí y las aseguraremos. Ah, por cierto, tienes que preparar todas tus pertenencias porque ya tengo dos billetes para el avión de mañana a las 7 de la mañana.
Esa era la prueba perfecta. Y yo la tenía grabada en el móvil. Después de esto la dije que saliera fuera y que llamara a la policía mientras yo les entretenía. Ella salió y lo que hice fue cerrar la puerta y sujetarla con una silla. De esa forma no podrían salir. Después de esto pasaron los cinco minutos más largos de mi vida. La policía entró en el convento y apresaron a los ladrones. Tuvieron que tirar tiros al techo para asustarles. Cuando ya les habían apresado, les metieron en dos coches de policía y les llevaron a comisaría.
5 meses después…
Al final todo salió bien. Un juez juzgó a los ladrones y les condenó a 24 años de cárcel. La policía italiana encontró todas las reliquias en el garaje del director de los museos vaticanos. La celebración del V centenario del nacimiento de Santa Teresa fue perfecta por muchos motivos. El más importante por la alegría de que se recuperaran las reliquias. Yo, en la actualidad, sigo investigando como buen detective que soy pero hay una novedad. Ahora la Priora María es mi socia y hemos conseguido resolver muchos más casos de robos.
FIN
                                                              Jorge Rodrigo Álvarez