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sábado, 28 de marzo de 2015

El caso enrevesado de las reliquias - Detective Bárbara Pérez Díez

Después de recibir la llamada de la policía a las seis de la mañana, para pedirme que investigara el caso de la desaparición de las reliquias de Santa Teresa, no pude pegar ojo y me puse manos a la obra con mi trabajo. Sabía que me esperaban unos días de mucho trabajo para llegar hasta el final del crimen, pero no me importaba, porque sabía que el quinto centenario del nacimiento de la Santa estaba a punto de llegar y sabía que si encontraba al culpable los vecinos de Ávila me lo agradecerían toda la vida.
La lista de sospechosos que la policía me había mandado por e-mail no era mala, pero tampoco me convencía, no podía entender para que iban a querer esas personas los restos de Santa Teresa, pero la tuve presente en todo momento. 

Lo primero que hice fue ponerme en contacto con todos aquellos que tenían llaves del sepulcro de la Santa, para comprobar si sus restos aún seguían en el lugar correcto. Hablé con las monjas de Alba, estas me dijeron que ahora tenían las llaves con ellas, pero que no sabían si en algún momento se las habían podido robar. Les dije que nos reuniríamos por la tarde en la Iglesia de Alba de Tormes y que por favor llevasen sus llaves al encuentro, así como las llaves de Roma, que habían recibido de forma urgente para poder abrir el sepulcro y comprobar los restos. También llamé al Rey, que estaba ya avisado por la policía, le cité el mismo día que a las monjas de Alba y le pedí que llevase  su llave al encuentro.
Ponerme en contacto con el ahora Duque de Alba me llevó un poco más de tiempo, después de la muerte de su madre, puede que no fuese el mejor momento para irrumpir con este tipo de cosas, pero necesitaba su colaboración. Cuando por fin di con él le expliqué todo lo que había ocurrido, él me dijo que ya estaba al tanto y que tenía pensado hablar con la policía para arreglar el asunto, le conté mi intención de comprobar si los restos de Santa Teresa seguían en su sepulcro y no tuvo ningún problema en acompañarme a Alba de Tormes para ayudarme a resolver parte del misterio.

Ya había hablado con todos los dueños de las llaves y sabía que todos irían al encuentro, empecé a pensar varias cosas ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Y ¿Por qué?... La primera de las preguntas quizá fuese la más compleja de todas, la lista de sospechosos de la policía era larga, pero en  mi cabeza también había otro posible culpable… El resto simplemente eran pequeñas cosas que iría averiguando poco a poco y me llevarían hasta la primera.

Llegué a Alba de Tormes unas horas antes de lo previsto, pues quería saber si alguien había visto el día anterior algo extraño por la zona… Pero cuando llegué no encontré a nadie en las calles de Alba de Tormes, parecía que se los habían llevado a todos, no se escuchaba ningún ruido humano, lo único que podía escuchar era el ladrido de algunos perros en sus casas y el ruido de mis botas al pisar el suelo... Me parecía extraño que todos los vecinos hubiesen desaparecido la misma tarde, pero por si acaso lo anoté en mi libreta para tenerlo en cuenta a la hora de resolver el caso.
Cuando por fin estábamos todos, entramos en la Iglesia, solos, sin ningún ojo curioso, habíamos decidido no dar información a la prensa, para poder hacer las cosas con calma y así no fallar en nada. Cuando llegamos delante del sepulcro nos miramos todos con nervios, pues lo que íbamos a hacer no era ninguna tontería… Metimos las 10 llaves en sus respectivas cerraduras y la tumba se abrió, para nuestra suerte todas las partes de la Santa que tenían que estar allí seguían en su lugar, parecía que nadie había robado allí dentro, pero el corazón y el brazo si habían desaparecido.
Hablé con la policía con los que a partir de aquel día comencé a trabajar, ellos me ayudaron en todo lo que pudieron, para facilitar y acortar el trabajo. Teníamos que intentar encontrar a algún vecino de Alba de Tormes para conseguir información, pero no sabíamos dónde habían ido todos. La policía se encargó de llamar puerta por puerta hasta dar con algún habitante, mientras tanto yo empecé a preparar el interrogatorio que les haría a los sospechosos y otro para los vecinos.

Interrogatorio para los sospechosos del robo de las reliquias de Santa Teresa de Jesús:
-       ¿Dónde deberían de estar las reliquias de Santa Teresa para usted?
-       ¿La noche en la que estas desaparecieron que hizo?
-       ¿Conoce todos los lugares en los que estaban custodiadas?

Con estas pocas de preguntas podía averiguar varias cosas, pero los sospechosos de la lista no serían los únicos que iban a responder a alguna pregunta, porque en cuanto aparecieran los habitantes de Alba muchos de ellos serían interrogados por mí y por los policías.

Interrogatorio para los vecinos de Alba de Tormes:
-       ¿Vio algo extraño en Alba de Tormes la noche del crimen?
-       ¿Alguna vez ha escuchado a alguien hablar de dónde deberían de estar las reliquias o ha dado su opinión a alguien?
-       ¿Por qué al día siguiente del robo en la ciudad no había nadie?
-       ¿Tienen algo que esconder los vecinos de la ciudad? O ¿simplemente fue una casualidad de las grandes?
-       ¿Conoce todos los lugares en los que estaban custodiadas las reliquias?

Tras escribir todas las preguntas, comencé a organizar viajes, pues dudaba mucho que los sospechosos se prestaran a viajar hasta España para ser interrogados por mi. Tenía que visitar muchas ciudades en poco tiempo por eso primero localicé donde estaban todas las personas que tenía que interrogar, me puse  en contacto con ellas y sin decirles el verdadero motivo por el que quería verme con ellos conseguí quedar con cada uno de ellos para hacerles el pequeño interrogatorio.
Al primero que visité fue al Director de los Museos Vaticanos que se encontraba en Roma, después de hablar con él del caso sin hacer apenas preguntas comencé a hacerle el interrogatorio, eso sí, sin que el sospechase, como no podía anotar lo que me decía, porque entonces se daría cuenta de mi verdadera intención, me había metido una grabadora en el bolsillo para registrar toda la conversación. 
Le hice todas las preguntas, pero no me sirvió de mucho, aunque me había dejado claro que él era partidario de que las reliquias debían estar en Roma, no me había dado ninguna clave más que esa para sospechar de él, además me contó que la noche de los sucesos la había pasado en el hospital con un familiar, pero como buen detective no di por válida su respuesta y cuando por fin estaba sola me acerqué al médico y me informé de lo que me había contado, efectivamente no me había mentido… por lo que tuve que tacharlo de la lista. Aproveché mi viaje para hablar con los vigilantes del lugar en el que deberían de estar las reliquias, pero todos los que habían trabajado aquella noche, no habían visto ni oído nada extraño y hasta que la noticia no llegó allí no se dieron cuenta de que faltaban.

Este caso estaba empezando a descolocarme, pero sabía que tenía que resolverlo, por los vecinos de Ávila.
Regresé a España para marcharme al día siguiente, pero cuando llegué la policía me informó de que los vecinos de Alba habían regresado y decidimos repartir el trabajo, yo me quedé en España para hablar con los vecinos, que desde mi punto de vista eran los que más información me darían. Varios agentes de policía se repartieron los viajes que yo había programado, para hacer lo mismo que yo había hecho en Roma. Les di unas cuantas claves para que nadie sospechara y las preguntas que había redactado, para que me trajeran la información que necesitaba y resolver el misterio. Esa noche descansé en casa, para a la mañana siguiente salir temprano hacia Alba y comenzar a enlazar cabos.
Llegué a Alba, cuando la ciudad parecía comenzar a despertarse, los vecinos empezaban a levantar persianas, tirar la basura y hacer las tareas del día a día. La policía con la que había empezado a trabajar me habían facilitado mucho el trabajo, ya que me había concertado varias citas con ciudadanos de Alba, que ellos creían que me podrían ayudar, así que me dirigí hacía el ayuntamiento donde uno a uno irían entrando los ciudadanos que había en la lista. Fue una mañana larga, pero poco a poco, persona a persona, fui llegando a donde yo quería. En total hablé con 15 ciudadanos, los examiné al completo, pues después de tantos años haciendo esto sabía distinguir entre la cara de un culpable y la de un inocente, y sus caras no eran para nada de alguien que nunca había hecho algo malo. Entraban en la sala con cara de asustados, desubicados y cuando les hacía alguna de mis preguntas abrían mucho los ojos y nunca les quedaba claro lo que decía en una primera vez, sin duda alguna me encontraba delante de los verdaderos culpables.

Las respuestas que habían dado a todas mis preguntas, podrían servirme, pero no eran lo suficientemente convincentes como para dar un veredicto final. Necesitaba encontrar a alguien que se infiltrara entre ellos para averiguarlo todo. Evidentemente yo no podía ser, porque había pasado el tiempo suficiente con ellos como para que me reconociesen, necesitaba encontrar a alguien astuto para resolver todo ese lío y no sabía muy bien con quien contar. Volví  a mi casa para buscar a alguien de confianza capaz de realizar semejante tarea.
Cuando me levanté lo vi muy claro, este caso estaba hecho para una vieja amiga de profesión, a la que había conocido en uno de mis encargos. Era la persona perfecta, no conocía a nadie de Alba de Tormes, era inteligente y astuta como para hacer la pregunta adecuada en el momento indicado y alguien que transmitía tanta confianza desde el principio como para contarle un secreto tan grande como era ese.
Quedamos las dos en uno de nuestros cafés favoritos, un lugar tranquilo, en el que se podía hablar, trabajar o pasar un buen rato… Le expliqué todo lo que sabía hasta ese momento y lo que ella debería de hacer para resolver el caso y en ningún momento dudó en ayudarme. Entre las dos trazamos un plan, que ella debería seguir a raja tabla para no levantar sospechas y le enseñé fotos de la gente con la que había hablado para que se centrará sobre todo en ellos. 
Después de eso me quedaba algo por cerrar y es que se me había olvidado por completo que los agentes de policía que seguían de viaje investigando cuando ya no necesitaba la información del resto de sospechosos, entonces los llamé a todos y dejaron su trabajo para coger el primer vuelo a España y ayudarme a acabar. ¡No sé cómo habría hecho toda la investigación sin su ayuda! En cuanto llegaron a España les conté todo, les costó salir del asombro, pero aun así redactamos el informe de lo que hasta ese momento conocíamos. 

Mientras tanto mi amiga ya estaba en Alba y había comenzado su misión. Pondríamos la webcam cada noche para que me contase los avances y trabajar en conjunto. Cada vez la información era más concluyente y los sospechosos no tardaron en contarle toda la verdad a la infiltrada.
Después dos largas semanas de trabajo, café y astucia teníamos toda la verdad redactada en un informe, ¡ahora sí la gente conocería la verdad!

Informe sobre el robo de las reliquias de Santa Teresa de Jesús:
-El robo de todas las reliquias de Santa Teresa desaparecidas el día 24 de noviembre de 2014 había sido cometido por algunos ciudadanos de la ciudad de Alba de Tormes, aunque solo algunos habían viajado para robarlas, el resto de los vecinos participaron de forma pasiva en el robo.
-Los vecinos se habían organizado de manera que viajarían en grupos de 3 a cada uno de los lugares en los que estaban custodiadas las reliquias (el modo en que consiguieron acceder a ellas, se quedará archivado y bien guardado para evitar otros posibles robos de la misma forma)
-Todos los robos se habían realizado el mismo día y a la misma hora a pesar de las diferencias horarias entre países para evitar que aumentaran la vigilancia en los distintos lugares al percibir que otras reliquias ya habían desaparecido.
-El por qué de este robo, es sin duda lo que más puede extrañar a todo el mundo que lea esto. Todos los vecinos habían confesado finalmente que habían planeado todo este robo, que se lo habían jugado todo y que todos habían participado de una manera o de otra, porque su verdadera intención no era hacer nada malo con las reliquias. Como se acercaba el aniversario de la Santa todos habían pensado en hacerle ¡un gran homenaje en la ciudad!
Evidentemente nadie podría haberse imaginado algo así… Pero sí esta era la realidad. Por supuesto que las reliquias habían sido devueltas a su lugar de “procedencia” y la seguridad se había aumentado. Los vecinos no habían salido con las manos limpias después de cometer semejante locura, todos habían pagado una multa o cumplido algún tipo de condena de servicios sociales.
¿Quién me hubiese dicho a mí el día que recibí aquella llamada que la solución al caso más complejo que se me había propuesto resolver sería una locura como esta? Nadie podía imaginarse esto, pero desde que comencé a buscar sospechosos pensé que los vecinos de Alba tendrían algo que ver, aunque lo que yo pensaba es que querían dejarlo en la ciudad, el sitio en el que siempre habían deseado…
Y así fue como con horas, ayuda e inteligencia yo, la detective Bárbara; los agentes de policía y mi amiga Ester, otra gran detective del país resolvimos el misterio más raro que se nos había planteado a lo largo de nuestra vida profesional y ayudamos a que los restos de una Santa tan importante como lo es Santa Teresa, descansasen en paz para siempre.
Bárbara Pérez Díez

Detective Alba Molina



Después de recibir la llamada, me he quedado muy sorprendida, suelo tener casos difíciles, pero nunca había tenido un caso tan extraño, ¿quién sería capaz de robar las reliquias de Santa Teresa? ¿Y por qué? No puedo imaginar el motivo por el que alguien haya robado las reliquias de Santa Teresa. Aún sigo pensado quién de los sospechosos podría ser. No sé cómo comenzar con la investigación, y me tengo que dar prisa porque se acercala celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa.
Primero, tendré que localizar a la duquesa de Alba o al Superior General de la Orden Carmelita, para pedirles las llaves y poder abrir el sepulcro y comprobar  si se han llevado o no los restos de la Santa en Alba de Tormes, tengo que intentar conseguir las llaves, pero será un proceso largo ya que, 3 las tienen las monjas del convento de Alba de Tormes, 3 la duquesa de Alba,  3 están en Roma, ya que las guarda el Superior General de la Orden Carmelita y la última el Rey de España.
Cuando consigo contactar con el Superior General de la Orden Carmelita, no acepta darme las llaves, así que tendré que viajar a Roma para suplicarle que me entregue las llaves e interrogarle, me llama la atención que el Superior General de la Orden Carmelita no acepte darme las llaves, ¿por qué?, ¿tendrá algo que ocultar? Esto lo convierte en el principal sospechoso, así que decido emprender mi viaje a Roma en cuanto antes para poder avanzar en el caso.
Cuando llego a Roma, lo primero que hago es ir al monasterio donde se encuentra el Superior General de la Orden Carmelita, cuando me abre la puerta, su rostro cambia y parece estar nervioso, no esperaba mi visita, esto me hace pensar que oculta algo, pero cuando termino con el interrogatorio no encuentro ninguna relación con el robo, así que lo elimino de la lista de sospechosos, tras el interrogatorio lo he convencido para que me dé las llaves , y me las ha dado sin ningún problema, puede que sea para no entrometerse en el caso y resolverlo en cuanto antes, ya que se muestra muy preocupado por el robo.
Aprovechando que estoy en Roma, decido interrogar al Director de los Museos Vaticanos, es un posible sospechoso ya que siempre ha manifestado el interés de que las reliquias de Santa Teresa estuvieran en Roma, y puede ser que haya robado la mandíbula y el pie derecho, cuando lo interrogo se muestra muy receptivo a colaborar, pero al ser amigo del Superior General de la Orden Carmelita, puede que el Director haya robado la llave a éste, y dudo en que pueda ser el culpable. Tras el interrogatorio, tampoco muestra ninguna relación con el robo, los dos sospechosos tienen coartadas así que los elimino de la lista. Este caso se está volviendo muy complicado, todavía no he encontrado ninguna pista con la que pueda avanzar en la investigación, y cada vez está más cerca la celebración del V Centenario, deberé volver a España para seguir mi investigación.
Vuelvo a España y tras no encontrar ninguna pista en Roma, contacto con la duquesa de Alba y acepta darme las llaves e insiste en acompañarme en la investigación. Me ha sorprendido que la duquesa de Alba acepte ir, se ha mostrado interesada y me ha comentado que está en condiciones para realizar el viaje, parece disgustada por el robo y por eso quiere colaborar en todo lo posible, esto no supondrá ningún problema, es más servirá de ayuda. Cuando me reencuentro con ella, decidimos ir al Convento de Alba de Tormes, ya que la duquesa me ha contado que tiene muy buena relación con la priora del Convento, y no tendrá ningún problema en entregarnos la llave para poder abrir el sepulcro. La duquesa me ha comentado que la priora no tiene nada que ver con el robo, pero no debo levantar sospecha, ya que son íntimas amigas, y puede que la duquesa la esté encubriendo.
Mientras vamos de camino al Convento, pienso en que si la priora del Convento de Alba de Tormes nos da las llaves, sólo nos faltará la llave del Rey de España, para poder abrir el sepulcro, así que la duquesa, contacta con la Casa Real, y el Rey nos cede la única llave que nos queda por conseguir.
Tras coger la llave del Rey de España, al fin vamos a Salamanca, ya que hemos conseguido las 10 llaves. Al llegar al Convento, me reúno con la priora para interrogarla, la duquesa asiste al interrogatorio, y parece nerviosa, ¿dudará de su amiga?, la priora al contrario parece tranquila y en el interrogatorio declara, que cuando robaron las reliquias se encontraba preparando la celebración del V Centenario de Santa Teresa, esta coartada la elimina de la lista de sospechosos, pero deberé mantener sospecha porque no se ha mostrado muy convencida.
Cuando termino con el interrogatorio, la priora me entrega las llaves y por fin, me dirijo al sepulcro para comprobar si el brazo izquierdo y el corazón permanecen en su lugar. El tiempo pasa lento, cuando intento abrir con las 10 llaves el sepulcro, estoy nerviosa, necesito saber ya si las reliquias están o no, el momento en el que me dispongo a abrir, me llevo una sorpresa, ¡las reliquias están!, no lo puedo creer. ¿Por qué han robado las reliquias de Ávila, Ronda, Lisboa, Sanlúcar de Barrameda, París, Bélgica y Roma...? ¿Y las de Alba de Tormes no?
El descubrimiento de las reliquias, me hace plantearme varias hipótesis: que al ladrón no le haya dado tiempo de robar las reliquias de Alba de Tormes o que el posible sospechoso se encuentre en el Convento de Alba de Tormes. La duquesa al igual que yo, está sorprendida y a la vez, contenta de que las reliquias sigan en el Convento, pero la priora no parece sorprendida, en absoluto, ¿me ocultará algo?
Paso la noche pensado en los interrogatorios, en los sospechosos, en las hipótesis, hasta que llego a una conclusión final, se me escapa un cabo suelto, ¿por qué la duquesa me ha acompañado? ¿Habrá querido encubrirse?
Al día siguiente, decido interrogar a la duquesa discretamente, mientras la interrogo, noto que le sudan las manos y que su voz tiembla, estoy segura de que me oculta algo, así que insisto en que me cuente la verdad, para mi sorpresa, aparece la priora interrumpiendo el interrogatorio, justo cuando me iba a contar la verdad,la priora necesita que le entregue las llaves correspondientes del sepulcro, dudo, ¿por qué las querrá?, me niego a dárselas y me responde que va a limpiar el sepulcro. La duquesa se relaja, y su aspecto cambia, parece sacada de un apuro, de repente reacciono y descubro quien ha sido la ladrona, ¡es la Priora del Convento de Alba de Tormes!, ¡si es ella!, la duquesa ha intentado encubrirla, por eso me ha acompañado en la investigación, para ocultar que era cómplice de la Priora, cuando confieso que sé quién es la culpable del robo, la priora, se sorprende y confiesa que es ella, la duquesa se declara cómplice del robo, las dos están nerviosas y prometen que van a devolver las reliquias.
Decido llamar a la policía, para decirles que he encontrado a las ladronas de las reliquias, la policía acude rápidamente y se lleva a las culpables, ya en comisaría, entro a la sala de interrogatorios, y les pregunto a las acusadas el verdadero motivo por el que han robado las reliquias, la priora confiesa que ella tuvo la idea de robar las reliquias, pero necesitaba una cómplice, para poder hacerlo, la duquesa aceptó, ya que el motivo por el que robaron las reliquias era para que permanecieran todas juntas en Alba de Tormes, y la duquesa estaba de acuerdo con la decisión de la priora, por eso las reliquias de Alba de Tormes permanecían en su lugar, la duquesa se encargó de robarlas en Roma, ya que era íntima amiga del Superior General de la Orden Carmelita, y le robó las llaves a éste, y la priora se encargó de robarlas en España, así es como robaron las reliquias de Santa Teresa, por eso la duquesa al enterarse que estaba investigando el robo quiso acompañarme para que no sospechara de ella y de la priora.
Tras la declaración, la priora entregó las reliquias y cada una de ellas se devolvió al lugar donde permanecían, dos días después se celebró el V Centenario, donde asistieron millones de peregrinos a Ávila, entusiasmados y alegres porque las reliquias de Santa Teresa habían aparecido, y porque el Papa Francisco había asistido a la celebración, el Papa mostró su agradecimiento por haber encontrado las reliquias  de Santa Teresa, y así es como acabó el curioso caso de las reliquias de Santa Teresa.

Alba Molina González

Inspectora Silvia Raso Esteban



El 5 de febrero fuimos informados del robo simultáneo de las reliquias de Santa Teresa de Jesús de todos los lugares donde estaban custodiadas. Asimismo, se nos dijo que este robo podía tener graves consecuencias por la importancia de la santa y por la proximidad de las celebraciones por el V centenario de su nacimiento el próximo 28 de marzo de 2015. Estaba claro que el robo había sido cuidadosamente planeado y organizado durante mucho tiempo y había sido perpetrado por un grupo coordinado de personas.
Nuestro primer paso fue comprobar si el sepulcro de la santa en Alba de Tormes también había sido profanado. Nos desplazamos inmediatamente a Alba de Tormes para interrogar a la superiora del convento donde se localiza el sepulcro de la santa. Isabel Mendoza García, priora del convento de las carmelitas descalzas, nos recibió sin demora y nos mostró los lugares de donde habían desaparecido las reliquias expuestas -el corazón y el brazo izquierdo- en la sala de la Santa de la Iglesia de la Anunciación. Nos llevó también al centro del retablo barroco de la Capilla Mayor, lugar donde se encontraba el sepulcro con los pocos restos del cuerpo de la santa que no fueron repartidos por el mundo.
Tal como se puede apreciar en la fotografía adjunta, el sepulcro no presentaba señales de haber sido abierto. En cualquier caso, debíamos comprobar que los restos se encontraban todavía en el interior del mismo. Le pedimos a la priora permiso para abrirlo, pero nos contó que eso solo sería posible si conseguíamos reunir las diez llaves que lo cerraban. Eso no iba a ser tarea fácil, pues sus guardianes son personas muy diferentes: en el convento de Alba de Tormes las monjas guardan tres llaves, la duquesa de Alba posee otras tres llaves, el superior general de la Orden Carmelita custodiaba tres llaves más en Roma y, por último, el rey de España estaba en posesión de la última llave.
A partir de este momento decidimos repartirnos el trabajo para avanzar más rápidamente. El Grupo de Historiadores se encargó de hacer un inventario de las reliquias robadas y hablar con las personas encargadas de su custodia para recabar toda la información posible sobre los robos. El Grupo de Relaciones Públicas se encargó de ponerse en comunicación con los guardianes de las llaves del sepulcro para poder proceder a su apertura. Los resultados obtenidos por ambos grupos se recogen en las páginas siguientes.

Informe Grupo de Relaciones Públicas
La priora del convento de Alba de Tormes, Isabel Mendoza García, se encontraba muy consternada. El robo de las reliquias ponía en peligro las futuras celebraciones del V centenario del nacimiento de la santa que incluían la visita del Papa para celebrar eucaristías en Ávila, ciudad natal de la santa, y en Alba de Tormes. Ofreció toda su colaboración para resolver lo más rápidamente posible los robos y para recuperar las reliquias, que tenían en sus propias palabras “un valor incalculable”. Nos dijo que precisamente hacía dos semanas habían recibido la visita del secretario del superior general de la Orden Carmelita para comprobar las medidas de seguridad que protegían las reliquias. Estaba muy preocupada por el disgusto que se llevaría el superior general por los robos. La priora nos indicó que había comprobado que las tres llaves del convento seguían en su sitio y que podríamos disponer de ellas para la apertura del sepulcro en cuanto se consiguieran reunir las diez.  Ella personalmente llamó a la duquesa de Alba –con la que la unía una gran amistad- para solicitarle su ayuda. Nos dijo que, dada la íntima relación que mantenía con la familia real, seguramente la duquesa de Alba podría hablar con el rey para disponer de la llave que tenía en custodia. Asimismo, se ofreció a acompañarnos a viajar a Roma para entrevistarnos con el superior general de la Orden Carmelita y pedirle que nos cediera sus tres llaves para poder abrir el sepulcro. Nos dimos cuenta que esta monja podía sernos de gran ayuda y le agradecimos su colaboración.
Inmediatamente se puso al habla con la duquesa de Alba, la cual no puso ninguna objeción a ceder sus llaves para llevar a cabo la investigación. Tal como había previsto la priora, la duquesa llamó a la Casa Real para solicitar la entrega de la última llave. En ambos casos, podríamos disponer de ellas en cuanto un transporte seguro pudiera hacerlas llegar a Alba de Tormes. Tanto la duquesa de Alba como los portavoces de la Casa Real se mostraron muy sorprendidos con la noticia de los robos. Aseguraron que las llaves seguían en su posesión y que nada sospechoso les hacía suponer que hubieran podido ser robadas y después devueltas a su lugar. De todos modos, accedieron a que nuestros compañeros de la policía judicial inspeccionaran los lugares donde se guardaban las llaves por si encontraban alguna señal extraña. De hecho, en el Palacio de Liria, residencia de la Casa de Alba en Madrid y lugar donde la duquesa custodiaba la llave, se encontraron señales de que se había intentado forzar la caja fuerte donde se guardaba, aunque aparentemente sin resultado. Se estudió la habitación donde estaba la caja fuerte y se recogieron todas las huellas dactilares y restos que se hallaron para su posterior análisis. La duquesa manifestó que no tenía conocimiento de estos hechos, ya que estaba desde antes de Navidad en su palacio de Sevilla. La inspección del lugar de custodia de la llave en el Palacio de la Zarzuela, residencia real, no arrojó ningún indicio de intento de robo. La seguridad en el Palacio de la Zarzuela es mucho mayor que en el Palacio de Liria y sería mucho más improbable que se pudiese cometer un robo allí y que pasase desapercibido.
Tanto las llaves procedentes del Palacio de Liria como la llave custodiada por el rey llegaron a Alba de Tormes a última hora de la tarde de ese mismo día 5 de febrero y quedaron custodiadas en el puesto de la Guardia Civil de Alba de Tormes sito en la calle de Cuatropea, 16.
La priora del convento de Alba de Tormes se comunicó con el superior general de la Orden Carmelita, don Saturnino Menéndez Pereda, que accedió a recibirnos al día siguiente en su despacho para hacernos entrega de las llaves que obraban en su poder. Reservamos a toda prisa dos billetes para el primer vuelo de la mañana a Roma, uno para doña Isabel Mendoza y otro para el inspector Canales, uno de los miembros del equipo más experto en vigilancia y custodia de pruebas. Ambos se entrevistaron con don Saturnino Menéndez (en la foto), quien con anterioridad había manifestado su disgusto porque el cuerpo de la santa se encontrase desmembrado por diversas partes del mundo. Les reiteró a la priora y al inspector Canales que a él le gustaría que todas las reliquias fueran reunidas en un lugar único en Roma para su reposo y culto. Les dijo también que, dada la proximidad de las celebraciones del V centenario de la santa, él mismo había enviado a su secretario principal, Giovanni Pimpinelli, a comprobar que todas las reliquias estaban bien seguras en los lugares en los que se encontraban. Dentro de esa ronda de visitas el secretario había estado en el convento de Alba de Tormes como la priora ya nos había indicado. Por eso, el superior general les indicó su deseo de que su secretario los acompañara de vuelta a Alba de Tormes para no perder de vista en ningún momento las tres llaves y para que le informase personalmente del desarrollo de la investigación. Así pues, a última hora de la tarde, el inspector Canales, doña Isabel Mendoza y don Giovanni Pimpinelli (en la foto) regresaron a Madrid, llegando a Alba de Tormes en la madrugada del día 7 de febrero.

En la mañana del 7 de febrero estuvieron también disponibles los resultados de los análisis de las huellas y restos hallados en el Palacio de Liria. Una vez descartados los empleados de toda confianza de la duquesa, señalaban como sospechoso a don Antonio Jiménez Martín (en la foto). Se trataba del párroco de la Parroquia del Buen Suceso situada en la calle Princesa, cercana al palacio, y conocido por los empleados porque visitaba a menudo a la duquesa cuando esta se encontraba en Madrid. Los empleados recordaban que había visitado el palacio hacía dos semanas con la excusa de contemplar el retrato de Santo Domingo de Guzmán de Zurbarán expuesto en la biblioteca. Aunque esta visita les extrañó en ausencia de la duquesa, le permitieron el paso al ser conocido el interés del sacerdote por la vida y obra del santo, sobre el que estaba escribiendo un libro. Esta visita le colocaba en el punto de mira y a partir de este momento se decidió que debían vigilarse sus movimientos.

Informe del grupo de Historiadores
Una pequeña investigación de los hechos históricos reveló que nueve meses después de la muerte de Santa Teresa de Jesús abrieron el ataúd y comprobaron que el cuerpo estaba incorrupto. Antes de devolver el cuerpo al cofre de enterramiento le diseccionaron una mano y la llevaron a Ávila. De esa mano, según su propio relato, le cortó el padre Gracián el dedo meñique. Reunido el capítulo de los carmelitas descalzos, acordó que el cuerpo de Teresa debía volver a Ávila y ser custodiado en el Convento de San José, pero las monjas del convento de Alba de Tormes pidieron quedarse con un brazo como reliquia. Cuando el duque de Alba se enteró del traslado, envió sus quejas a Roma e hizo negociaciones para recuperarlo. El cuerpo volvió de nuevo a Alba de Tormes. Después de estos hechos no la volvieron a trasladar más, pero se extrajeron varias reliquias que se conservaban en muy diferentes localizaciones:
- El pie derecho y parte de la mandíbula superior, en el convento de Carmelitas Descalzos de Santa María de la Escala de Roma.
- La mano izquierda, en Lisboa.
- El ojo izquierdo y la mano derecha, en Ronda, España.
- El brazo izquierdo y el corazón, en sendos relicarios en el museo de la iglesia de la Anunciación en Alba de Tormes.
- Un dedo, en la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto en París.
- Otro dedo en Sanlúcar de Barrameda.
- Otro dedo en las Carmelitas de San José de Ávila. Allí también se custodiaban objetos de propiedad de la santa como el báculo que usaba en su vejez, un rosario y una sandalia.
- Dedos y otros restos santos, esparcidos por España y toda la cristiandad.
- Una de las clavículas del cuerpo en Bruselas.
- Otras partes y miembros en Gent y en Antwerpen, Bélgica.
- Pedazos de carne en las Carmelitas de Madrid, las Carmelitas de Valladolid y las Carmelitas de Malagón. No es fácil determinar el paradero de la infinidad de pedacitos de carne, extraídos del cuerpo de la Madre Teresa.
- Trozos de tela mojados en su sangre dispersos por la geografía española.
- La correa del hábito con el que fue enterrada en las Descalzas de Zaragoza.
- El velo de la santa en las Carmelitas de Calahorra.
- La sábana que envolvió su cuerpo en las Carmelitas de Granada.

Al ser tantos los lugares en los que había reliquias de Santa Teresa, tuvimos que pedir ayuda a la Guardia Civil para acudir a los lugares más señalados, interrogar a posibles testigos y recabar información acerca de los robos. Nos pusimos también en contacto con Interpol para investigar fuera de nuestro país (Lisboa, Bélgica, París y Roma). Los resultados iniciales de las investigaciones realizadas fueron llegando a lo largo del día 6 de febrero. En la mayoría de los casos, los testigos no habían visto nada sospechoso antes del robo de las reliquias; incluso en alguno no habían reparado en el robo hasta que los investigadores les hablaron de ello. Muchos indicaron que hacía poco que habían recibido la visita del secretario del superior general de la Orden Carmelita, Giovanni Pimpinelli, para asegurarse de que las medidas de seguridad que protegían las reliquias eran adecuadas. Resultaba curioso que los robos se hubieran producido poco después de una inspección de seguridad, cuando las reliquias habían permanecido durante cientos de años sin problemas en sus lugares de custodia. Además, al ser Giovanni Pimpinelli la persona elegida para custodiar las llaves del superior general, se decidió que merecía la pena mantenerle bajo vigilancia.

Resolución del caso
El día 7 de febrero a las 12 horas del mediodía nos dirigimos a la Iglesia de la Anunciación de Alba de Tormes para proceder a la apertura del sepulcro de Santa Teresa de Ávila. Estábamos presentes los inspectores Canales y Raso de la Policía Nacional, el teniente Celada de la Guardia Civil, la priora del convento y el secretario del superior de la orden Carmelita. Las llaves fueron progresivamente utilizadas para abrir el sepulcro y, al levantar la tapa, comprobamos que los restos de la santa permanecían en su lugar. El sepulcro fue cerrado de nuevo bajo las diez llaves y se decidió que, ante la amenaza de nuevos intentos de robo, dos agentes permanecerían vigilándolo. Las diez llaves se custodiarían en el puesto de la Guardia Civil por si era necesario abrir otra vez el sepulcro antes de concluir la investigación.
Por la tarde los equipos de seguimiento de Giovanni Pimpinelli nos informaron de que este había acudido al Hotel Cuatro Postes de Ávila y había permanecido allí durante tres horas. Esto resultaba sospechoso porque los compañeros que investigaban sectas habían detectado en este hotel reuniones extrañas de la secta milenarista de los Cuatro Postes. Algunos exmiembros de la secta les habían informado de que el líder, Marcelino Villarrubia López, era el dueño del hotel y predicaba la llegada del fin del mundo para el 28 de marzo, V centenario del nacimiento de Santa Teresa, si se conseguían reunir las partes desmembradas de su cuerpo antes de esa fecha. El equipo de sectas identificó al párroco del Buen Suceso de Madrid, Antonio Martín Jiménez, como un asiduo asistente a las reuniones de la secta, aunque lo hacía bajo una identidad falsa. De hecho, este había acudido al Hotel Cuatro Postes esa misma tarde al mismo tiempo que Giovanni Pimpinelli, lo que hacía sospechar que se habían reunido con dirigentes de la secta. A partir de estos datos estrechamos el cerco alrededor de estos dos hombres y de la secta Cuatro Postes.
A las 2:15 de la madrugada del día 8 de febrero una de las ventanas de la Iglesia de la Anunciación en Alba de Tormes estalló en pedazos. Los dos agentes encargados de la vigilancia del sepulcro se dirigieron inmediatamente hacia fuera del templo para ver qué había pasado, pero al abrir la puerta fueron atacados con un gas adormilante que les hizo casi efecto instantáneo. A pesar de esto, uno de ellos fue capaz de pulsar la tecla de emergencia de su teléfono móvil. Al recibir la señal de emergencia, se movilizaron los guardias civiles y los policías desplazados a Alba de Tormes y se consiguió detener a dos sospechosos que huían a toda velocidad en coche hacia Ávila. Uno de ellos resultó ser Antonio Jiménez Martín, el párroco del Buen Suceso de Madrid, y el otro, el líder de la secta de los Cuatro Postes, Marcelino Villarrubia López. Al volver con ellos detenidos al puesto de la Guardia Civil, descubrimos que Giovanni Pimpinelli, el secretario, había intentado entrar para robar las diez llaves del sepulcro. Sin embargo, había sido descubierto y detenido también.
Durante el interrogatorio tanto Antonio Jiménez como Marcelino Villarrubia reconocieron su implicación en los robos de las reliquias de Santa Teresa y señalaron al superior general de la Orden Carmelita, Saturnino Menéndez, y a su secretario, Giovanni Pimpinelli, como los dirigentes de la operación de “recuperación” de las reliquias. Se mostraron convencidos de que era vergonzoso que la santa estuviera despedazada por todo el mundo y de que sus reliquias debían ser reunidas para que reposaran en Roma. Villarrubia declaró también que la reunión de las reliquias provocaría el fin del mundo tal y como ahora lo conocemos e implicaría que todos los iniciados podrían comunicarse con Dios a través de la oración, tal y como la santa describió en sus experiencias místicas. Giovanni Pimpinelli confesó el lugar donde habían reunido las reliquias y estas fueron recobradas intactas.
A partir de todas las informaciones concluimos que secretario general de la Orden Carmelita, Saturnino Menéndez, había elaborado un plan para el robo simultáneo de las todas las reliquias de Santa Teresa. Se había servido de su secretario, Giovanni Pimpinelli, para recopilar información acerca de los sistemas de seguridad de los lugares en los que se custodiaban. Había contactado con el líder de la secta de los Cuatro Postes para poder utilizar a sus miembros para cometer los robos. La idea era robar también los restos guardados en el sepulcro y, para eso, había reclutado también al párroco del Buen Suceso de Madrid, porque era conocido por la duquesa de Alba y podía hacerse con las tres llaves que ella guardaba y obtener información sobre la llave custodiada por la Casa Real. Pero Antonio Jiménez Martín había fallado en su intento. Por eso, debían aprovechar que las diez llaves estaban reunidas para hacerse con ellas y abrir el sepulcro. El hecho de que las diez llaves estuviesen repartidas y fueran tan difíciles de reunir fue lo que frustró sus planes. Todos los implicados fueron detenidos y encarcelados. Por tanto, el 28 de marzo podrá celebrarse el V centenario del nacimiento de Santa Teresa sin ningún problema y las reliquias volverán a los lugares de los que fueron robadas. Eso se supone que es algo bueno.
En Madrid, a 9 de febrero de 2015

Fdo. Inspectora Silvia Raso Esteban
Policía Nacional