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sábado, 28 de marzo de 2015

El caso enrevesado de las reliquias - Detective Bárbara Pérez Díez

Después de recibir la llamada de la policía a las seis de la mañana, para pedirme que investigara el caso de la desaparición de las reliquias de Santa Teresa, no pude pegar ojo y me puse manos a la obra con mi trabajo. Sabía que me esperaban unos días de mucho trabajo para llegar hasta el final del crimen, pero no me importaba, porque sabía que el quinto centenario del nacimiento de la Santa estaba a punto de llegar y sabía que si encontraba al culpable los vecinos de Ávila me lo agradecerían toda la vida.
La lista de sospechosos que la policía me había mandado por e-mail no era mala, pero tampoco me convencía, no podía entender para que iban a querer esas personas los restos de Santa Teresa, pero la tuve presente en todo momento. 

Lo primero que hice fue ponerme en contacto con todos aquellos que tenían llaves del sepulcro de la Santa, para comprobar si sus restos aún seguían en el lugar correcto. Hablé con las monjas de Alba, estas me dijeron que ahora tenían las llaves con ellas, pero que no sabían si en algún momento se las habían podido robar. Les dije que nos reuniríamos por la tarde en la Iglesia de Alba de Tormes y que por favor llevasen sus llaves al encuentro, así como las llaves de Roma, que habían recibido de forma urgente para poder abrir el sepulcro y comprobar los restos. También llamé al Rey, que estaba ya avisado por la policía, le cité el mismo día que a las monjas de Alba y le pedí que llevase  su llave al encuentro.
Ponerme en contacto con el ahora Duque de Alba me llevó un poco más de tiempo, después de la muerte de su madre, puede que no fuese el mejor momento para irrumpir con este tipo de cosas, pero necesitaba su colaboración. Cuando por fin di con él le expliqué todo lo que había ocurrido, él me dijo que ya estaba al tanto y que tenía pensado hablar con la policía para arreglar el asunto, le conté mi intención de comprobar si los restos de Santa Teresa seguían en su sepulcro y no tuvo ningún problema en acompañarme a Alba de Tormes para ayudarme a resolver parte del misterio.

Ya había hablado con todos los dueños de las llaves y sabía que todos irían al encuentro, empecé a pensar varias cosas ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Y ¿Por qué?... La primera de las preguntas quizá fuese la más compleja de todas, la lista de sospechosos de la policía era larga, pero en  mi cabeza también había otro posible culpable… El resto simplemente eran pequeñas cosas que iría averiguando poco a poco y me llevarían hasta la primera.

Llegué a Alba de Tormes unas horas antes de lo previsto, pues quería saber si alguien había visto el día anterior algo extraño por la zona… Pero cuando llegué no encontré a nadie en las calles de Alba de Tormes, parecía que se los habían llevado a todos, no se escuchaba ningún ruido humano, lo único que podía escuchar era el ladrido de algunos perros en sus casas y el ruido de mis botas al pisar el suelo... Me parecía extraño que todos los vecinos hubiesen desaparecido la misma tarde, pero por si acaso lo anoté en mi libreta para tenerlo en cuenta a la hora de resolver el caso.
Cuando por fin estábamos todos, entramos en la Iglesia, solos, sin ningún ojo curioso, habíamos decidido no dar información a la prensa, para poder hacer las cosas con calma y así no fallar en nada. Cuando llegamos delante del sepulcro nos miramos todos con nervios, pues lo que íbamos a hacer no era ninguna tontería… Metimos las 10 llaves en sus respectivas cerraduras y la tumba se abrió, para nuestra suerte todas las partes de la Santa que tenían que estar allí seguían en su lugar, parecía que nadie había robado allí dentro, pero el corazón y el brazo si habían desaparecido.
Hablé con la policía con los que a partir de aquel día comencé a trabajar, ellos me ayudaron en todo lo que pudieron, para facilitar y acortar el trabajo. Teníamos que intentar encontrar a algún vecino de Alba de Tormes para conseguir información, pero no sabíamos dónde habían ido todos. La policía se encargó de llamar puerta por puerta hasta dar con algún habitante, mientras tanto yo empecé a preparar el interrogatorio que les haría a los sospechosos y otro para los vecinos.

Interrogatorio para los sospechosos del robo de las reliquias de Santa Teresa de Jesús:
-       ¿Dónde deberían de estar las reliquias de Santa Teresa para usted?
-       ¿La noche en la que estas desaparecieron que hizo?
-       ¿Conoce todos los lugares en los que estaban custodiadas?

Con estas pocas de preguntas podía averiguar varias cosas, pero los sospechosos de la lista no serían los únicos que iban a responder a alguna pregunta, porque en cuanto aparecieran los habitantes de Alba muchos de ellos serían interrogados por mí y por los policías.

Interrogatorio para los vecinos de Alba de Tormes:
-       ¿Vio algo extraño en Alba de Tormes la noche del crimen?
-       ¿Alguna vez ha escuchado a alguien hablar de dónde deberían de estar las reliquias o ha dado su opinión a alguien?
-       ¿Por qué al día siguiente del robo en la ciudad no había nadie?
-       ¿Tienen algo que esconder los vecinos de la ciudad? O ¿simplemente fue una casualidad de las grandes?
-       ¿Conoce todos los lugares en los que estaban custodiadas las reliquias?

Tras escribir todas las preguntas, comencé a organizar viajes, pues dudaba mucho que los sospechosos se prestaran a viajar hasta España para ser interrogados por mi. Tenía que visitar muchas ciudades en poco tiempo por eso primero localicé donde estaban todas las personas que tenía que interrogar, me puse  en contacto con ellas y sin decirles el verdadero motivo por el que quería verme con ellos conseguí quedar con cada uno de ellos para hacerles el pequeño interrogatorio.
Al primero que visité fue al Director de los Museos Vaticanos que se encontraba en Roma, después de hablar con él del caso sin hacer apenas preguntas comencé a hacerle el interrogatorio, eso sí, sin que el sospechase, como no podía anotar lo que me decía, porque entonces se daría cuenta de mi verdadera intención, me había metido una grabadora en el bolsillo para registrar toda la conversación. 
Le hice todas las preguntas, pero no me sirvió de mucho, aunque me había dejado claro que él era partidario de que las reliquias debían estar en Roma, no me había dado ninguna clave más que esa para sospechar de él, además me contó que la noche de los sucesos la había pasado en el hospital con un familiar, pero como buen detective no di por válida su respuesta y cuando por fin estaba sola me acerqué al médico y me informé de lo que me había contado, efectivamente no me había mentido… por lo que tuve que tacharlo de la lista. Aproveché mi viaje para hablar con los vigilantes del lugar en el que deberían de estar las reliquias, pero todos los que habían trabajado aquella noche, no habían visto ni oído nada extraño y hasta que la noticia no llegó allí no se dieron cuenta de que faltaban.

Este caso estaba empezando a descolocarme, pero sabía que tenía que resolverlo, por los vecinos de Ávila.
Regresé a España para marcharme al día siguiente, pero cuando llegué la policía me informó de que los vecinos de Alba habían regresado y decidimos repartir el trabajo, yo me quedé en España para hablar con los vecinos, que desde mi punto de vista eran los que más información me darían. Varios agentes de policía se repartieron los viajes que yo había programado, para hacer lo mismo que yo había hecho en Roma. Les di unas cuantas claves para que nadie sospechara y las preguntas que había redactado, para que me trajeran la información que necesitaba y resolver el misterio. Esa noche descansé en casa, para a la mañana siguiente salir temprano hacia Alba y comenzar a enlazar cabos.
Llegué a Alba, cuando la ciudad parecía comenzar a despertarse, los vecinos empezaban a levantar persianas, tirar la basura y hacer las tareas del día a día. La policía con la que había empezado a trabajar me habían facilitado mucho el trabajo, ya que me había concertado varias citas con ciudadanos de Alba, que ellos creían que me podrían ayudar, así que me dirigí hacía el ayuntamiento donde uno a uno irían entrando los ciudadanos que había en la lista. Fue una mañana larga, pero poco a poco, persona a persona, fui llegando a donde yo quería. En total hablé con 15 ciudadanos, los examiné al completo, pues después de tantos años haciendo esto sabía distinguir entre la cara de un culpable y la de un inocente, y sus caras no eran para nada de alguien que nunca había hecho algo malo. Entraban en la sala con cara de asustados, desubicados y cuando les hacía alguna de mis preguntas abrían mucho los ojos y nunca les quedaba claro lo que decía en una primera vez, sin duda alguna me encontraba delante de los verdaderos culpables.

Las respuestas que habían dado a todas mis preguntas, podrían servirme, pero no eran lo suficientemente convincentes como para dar un veredicto final. Necesitaba encontrar a alguien que se infiltrara entre ellos para averiguarlo todo. Evidentemente yo no podía ser, porque había pasado el tiempo suficiente con ellos como para que me reconociesen, necesitaba encontrar a alguien astuto para resolver todo ese lío y no sabía muy bien con quien contar. Volví  a mi casa para buscar a alguien de confianza capaz de realizar semejante tarea.
Cuando me levanté lo vi muy claro, este caso estaba hecho para una vieja amiga de profesión, a la que había conocido en uno de mis encargos. Era la persona perfecta, no conocía a nadie de Alba de Tormes, era inteligente y astuta como para hacer la pregunta adecuada en el momento indicado y alguien que transmitía tanta confianza desde el principio como para contarle un secreto tan grande como era ese.
Quedamos las dos en uno de nuestros cafés favoritos, un lugar tranquilo, en el que se podía hablar, trabajar o pasar un buen rato… Le expliqué todo lo que sabía hasta ese momento y lo que ella debería de hacer para resolver el caso y en ningún momento dudó en ayudarme. Entre las dos trazamos un plan, que ella debería seguir a raja tabla para no levantar sospechas y le enseñé fotos de la gente con la que había hablado para que se centrará sobre todo en ellos. 
Después de eso me quedaba algo por cerrar y es que se me había olvidado por completo que los agentes de policía que seguían de viaje investigando cuando ya no necesitaba la información del resto de sospechosos, entonces los llamé a todos y dejaron su trabajo para coger el primer vuelo a España y ayudarme a acabar. ¡No sé cómo habría hecho toda la investigación sin su ayuda! En cuanto llegaron a España les conté todo, les costó salir del asombro, pero aun así redactamos el informe de lo que hasta ese momento conocíamos. 

Mientras tanto mi amiga ya estaba en Alba y había comenzado su misión. Pondríamos la webcam cada noche para que me contase los avances y trabajar en conjunto. Cada vez la información era más concluyente y los sospechosos no tardaron en contarle toda la verdad a la infiltrada.
Después dos largas semanas de trabajo, café y astucia teníamos toda la verdad redactada en un informe, ¡ahora sí la gente conocería la verdad!

Informe sobre el robo de las reliquias de Santa Teresa de Jesús:
-El robo de todas las reliquias de Santa Teresa desaparecidas el día 24 de noviembre de 2014 había sido cometido por algunos ciudadanos de la ciudad de Alba de Tormes, aunque solo algunos habían viajado para robarlas, el resto de los vecinos participaron de forma pasiva en el robo.
-Los vecinos se habían organizado de manera que viajarían en grupos de 3 a cada uno de los lugares en los que estaban custodiadas las reliquias (el modo en que consiguieron acceder a ellas, se quedará archivado y bien guardado para evitar otros posibles robos de la misma forma)
-Todos los robos se habían realizado el mismo día y a la misma hora a pesar de las diferencias horarias entre países para evitar que aumentaran la vigilancia en los distintos lugares al percibir que otras reliquias ya habían desaparecido.
-El por qué de este robo, es sin duda lo que más puede extrañar a todo el mundo que lea esto. Todos los vecinos habían confesado finalmente que habían planeado todo este robo, que se lo habían jugado todo y que todos habían participado de una manera o de otra, porque su verdadera intención no era hacer nada malo con las reliquias. Como se acercaba el aniversario de la Santa todos habían pensado en hacerle ¡un gran homenaje en la ciudad!
Evidentemente nadie podría haberse imaginado algo así… Pero sí esta era la realidad. Por supuesto que las reliquias habían sido devueltas a su lugar de “procedencia” y la seguridad se había aumentado. Los vecinos no habían salido con las manos limpias después de cometer semejante locura, todos habían pagado una multa o cumplido algún tipo de condena de servicios sociales.
¿Quién me hubiese dicho a mí el día que recibí aquella llamada que la solución al caso más complejo que se me había propuesto resolver sería una locura como esta? Nadie podía imaginarse esto, pero desde que comencé a buscar sospechosos pensé que los vecinos de Alba tendrían algo que ver, aunque lo que yo pensaba es que querían dejarlo en la ciudad, el sitio en el que siempre habían deseado…
Y así fue como con horas, ayuda e inteligencia yo, la detective Bárbara; los agentes de policía y mi amiga Ester, otra gran detective del país resolvimos el misterio más raro que se nos había planteado a lo largo de nuestra vida profesional y ayudamos a que los restos de una Santa tan importante como lo es Santa Teresa, descansasen en paz para siempre.
Bárbara Pérez Díez

Detective Lara Fernández y el Misterio de las Reliquias


Camino tranquilamente por la calle, acompañada de Damián. Echo un vistazo al reloj. ¡Perfecto!, vamos bien de tiempo. No quiero hacerla esperar.
                Después de una larga caminata llegamos  a nuestro destino: la mansión de la Duquesa de Alba.

-          Buenos días.-Nos recibe- ¡Siéntense!

Nos acomodamos en un par de sillas de su salón y nos ofrece un café. Es una mujer muy agradable. Cuando nos quedamos a solas, mientras Damián habla con otras personas de la casa, comienzo a explicarle el problema; pues cuando hablamos por teléfono no pude dar muchos detalles.

-          Como sabrá, se han producido una serie de robos en varios lugares del mundo donde se guardaban las Reliquias de Santa Teresa.

Asiente y me escucha atentamente.

-          Como detective encargada del caso lo primero que he de comprobar es si el cuerpo continúa o no en el sepulcro. Para ello necesito las tres llaves que guarda el Supervisor General de la Orden Carmelita, las tres que hay en el Convento de Alba de Tormes y las otras tres que posee usted. El Superior accedió a dármelas cuando le visité hace un par de días en Roma.

-          Así que, ¿usted se guardará las llaves en el bolsillo y se marchará?, ¿así, sin más? – Pregunta, mostrándose claramente en  desacuerdo. - ¿No le parece poco seguro?

-          Sé que son cruciales para el caso, pero la gente corriente no sabe que soy detective. Siempre trato de ser discreta para que nadie sospeche. Si consiguiese escoltas, sólo llamaría la atención…-Debo de haberla convencido, ya que se levanta y me dice:

-          Está bien. Si es necesario se las daré, pero con la condición de que me las devolverá lo antes posible.

-          Por supuesto.

-          Bien.- Responde.- ¡Acompáñeme!

Vamos a otra habitación. Se acerca a un cuadro de Picasso y  lo descuelga de la pared, dejando ver una caja fuerte. Introduce la contraseña y la abre.

-          Aquí tiene.- Dice entregándomelas.- Antes de que se vaya, he de enseñarle algo más.
-          ¿De qué se trata?

-          Hace una semana recibí esta extraña carta.

Me entrega un folio escrito a ordenador que guardaba en un cajón.
-          Pensé que se trataría de una broma y no le di importancia.

La observo atentamente. Es muy extraño. Sólo hay puntos y líneas. ¿Será código morse?

-          ¿Tiene el sobre también?

-          Sí, aquí mismo.- Saca del mismo lugar donde estaba la carta un sobre blanco, impecable, sin remitente y con un sello.

-          ¿Cuándo la recibió exactamente?

-          El sábado.

-          Un día antes del robo….- Concreto.

-          Exacto, pero yo no he tenido nada que ver.

-          ¿Alguien más conoce la clave de la caja fuerte?

-          Mi mayordomo, Ricardo.

-          ¿Podríamos hablar mi compañero y yo con él?

-          Se ha tomado libre esta semana. Regresará en un par de días. Si quieren pueden volver por aquí y hacerle algunas preguntas. Serán bien recibidos, pero dudo mucho que él haya tenido algo que ver en esto.

-          Eso habrá que verlo…

Lo guardo todo cuidadosamente. Le doy las gracias por su ayuda y nos despedimos de ella.

Damián llama a un taxi para que nos lleve de vuelta al hotel. Puede que no sea muy seguro utilizar el transporte público, pero la idea es no llamar la atención.

Una vez en la habitación, extiendo sobre la cama todo lo que hemos reunido en relación al caso: las seis llaves, la nota misteriosa y el cuaderno de anotaciones. Decido centrarme en la nota. Intento descifrar el mensaje con diferentes técnicas, como colocar la hoja a contra luz o pasar un lápiz por encima en busca de algunas marcas, pero ninguna da resultado. Tampoco se trata de código morse, pues al intentar traducirlo, el mensaje que obtengo carece de sentido.

A la mañana siguiente, Damián y yo nos dirigimos al Convento de Alba de Tormes. No hemos avisado de nuestra llegada. Preferimos ir por sorpresa para que no les de tiempo a esconder posibles pruebas, en el hipotético caso de que alguna de las monjas esté relacionada con el robo.

-          Buenos días.- Saludo al llegar.- Quería hablar con la Priora.

-          ¿De parte de quién?

-          Detective Fernández y su compañero López.

-          Está bien, iré a avisarla.

-          Gracias.

En diez minutos está de vuelta, acompañada de la Priora.

-          Buenos días. Imagino que vendrán por el robo, ¿no?- Nos pregunta.- Entonces síganme. Les diré dónde está.

Avanzamos por los pasillos a un ritmo bastante rápido para no perder tiempo. Una vez allí, la priora nos entrega las tres llaves que nos faltan y las introduzco en las cerraduras. A continuación lo intento con las de la Duquesa, pero algo falla.

-          ¡Qué extraño! No encajan…

Pruebo con las del superior, pero tampoco funcionan. ¡Ambos me han dado las llaves equivocadas!

-          ¿Qué ocurre?- Pregunta la Priora.

-          Estas no son las del sepulcro.

-          ¡Oh! ¡Dios mío!, ¿se las habrán robado a la Duquesa y al Superior?

-          Puede.- Responde Damián.- Quizás nos las ha dado mal a posta.

¿Y si mi amigo tenía razón?..... ¿Eso significaría que habrían sido ellos los ladrones? La única manera de descubrirlo sería continuar investigando e interrogando sospechosos.

Mientras vamos en el tren hacia Ávila mi compañero inspecciona el portátil de la Priora del Convento de Alba de Tornes. Al principio no le gustó la idea de que nos lo llevásemos para revisarlo, pero al final accedió. Yo leo una y otra vez la lista de posibles ladrones.

Tenemos planeado un interrogatorio para el líder de la secta milenarista “Cuatro Postes”, uno de los que más razones podría tener para llevar a cabo un robo de tales magnitudes. Algunas fuentes aseguran que creen que el fin del mundo llegará el día del V centenario de la Santa si consiguen reunir todas las reliquias.

Una vez en la cuidad, Damián va a hablar con un informático que cree que puede ayudarle con el ordenador; mientras que yo, busco el Hotel Cuatro Postes, sede de la secta. Por más que insisto, se niegan a abrirme. Pruebo varias veces más, pero es inútil. No van a dejarme pasar, ni a contestar a ninguna pregunta, ni a aportar nada provechoso a la investigación.

Son los segundos que se niegan a pasar por el interrogatorio. Al director de los Museos Vaticanos tampoco le gustó verme en Roma… Un comportamiento muy extraño que no suelen tener las personas inocentes.

Decido ir al Convento de la Encarnación. Quizás allí tenga más suerte. Camino con paso firme, tratando de ordenar mentalmente las piezas de este rompecabezas tan complejo.

-          Buenos días. ¿Podría ver a la Priora? – Le pregunto a la primera monja con la que me encuentro.

-          No sé si estará ocupada, aunque, claro, acompáñeme.

Me guía por los pasillos y me lleva hasta una sala de estar muy luminosa con un aspecto sobrio pero acogedor.

-          Esta chica ha venido a verla.- Le dice a la religiosa que se encuentra sentada en una silla debajo de una pintura de Cristo en la Cruz. Es uno de los cuadros más conocidos del convento. Me sonríe y me invita a sentarme a su lado. Su compañera se va y nos quedamos a solas.

-          ¿Eres detective, verdad?

-          ¿Cómo se ha dado cuenta?

-          Se ve tu astucia en la mirada.

-          Gracias. – Respondo.- Una mujer tan amable sería incapaz de cometer un robo.

-          ¿Ya has resuelto el misterio? – Me habla con el mismo tono que utiliza una madre con su hija.

-          ¿Usted que cree?

-          Que debes de estar muy desorientada para venir aquí buscando al culpable.

-          ¿Por qué?

-          Porque los pobres son los que más dan y los ricos, los que más quieren. Cuando entiendas esto descubrirás al culpable. Ahora vamos, te acompaño hasta la salida.

-          Si ya sabe quién es el ladrón, ¡dígalo!

Se ríe.

-          Yo no sé quién ha podido ser.

-          Entonces, ¿a qué ha venido eso?

-          Yo hablo desde la voz de la experiencia. No he ido en busca de pruebas, pero espero haberte ayudado. – Dice poniéndose en pie.- No tengo nada más que decirte. Ve en paz y que el Señor te acompañe.

Salgo del convento, vuelvo a donde me despedí de Damián hace un rato. Aún no ha llegado,  pero no creo que tarde mucho. Me siento en una cafetería a esperarle. No hace mucho frío para la época que es. Hay mucha gente por la calle. Mi mirada se detiene en una pequeña que está llorando porque se le ha caído la piruleta al suelo. Le pide otra a su madre, pero ella le dice que ahora tienen prisa y que no pueden pararse. Mientras madre e hija discuten, un hombre pobre sentado en la acera pidiendo limosna se levanta y se gasta su única moneda en una piruleta de la máquina expendedora, para la niña, que deja de llorar y ahora sonríe, feliz, al igual que el hombre.

        “Los pobres son los que más dan, y los ricos, los que más quieren”. ¡Qué razón tenía la Priora de la Encarnación.

-          ¡Lara!

Levanto la cabeza al oír que me llaman. Es Damián, que viene corriendo hacia mí.

-          ¿Descubriste algo?

-          Sí. Creo que sé cómo descifrar la carta.

Se sienta a mi lado y saca un papel del bolsillo y la carta.

-          Cuéntame.

-          Con la ayuda de Fernando, el informático, conseguí entrar en el correo electrónico al que había accedido la Priora del Convento de Alba de Tormes, y uno de los e-mails era el alfabeto normal y en código binario que envió al mayordomo de la Duquesa.

-          ¿Qué código es ese?

-          Es el que utilizan los ordenadores. Consiste en usar los números 0 y 1 para darle instrucciones al microprocesador. Cada una de las letras y símbolos del teclado tiene una numeración diferente. Puede que los puntos de la carta sean ceros y las líneas, unos.


-          ¿El e-mail era para descifrar la carta?


-          Eso creo. Todavía no sabemos si ella envió la carta o no.


-          Hay que comprobar si las huellas dactilares del ordenador están en el sobre y la carta.


Y así resolvimos el caso:

Mandamos el ordenador y el sobre al laboratorio central de la Policía de Madrid, y se confirmó lo que sospechábamos: la Priora del Convento de Alba de Tormes envió por correo postal la carta al mayordomo y al Superior General de la Orden de los Carmelitas. Para mayor seguridad escribió un correo electrónico a ambos para que pudiesen descifrar el mensaje.

        Lo que nos dio la pista final fue la carta, que decía:

        “Todo listo. Ahí va un billete de tren para el viaje. Acuérdate de dejar las llaves falsas dentro de la caja fuerte de la Duquesa antes de venir. El Superior General ya me las ha enviado, solo faltas tú, Ricardo. Espero verte pronto o tendremos que posponer el robo”.

Ricardo era el mayordomo encargado de recoger el correo a la Duquesa de Alba y enseguida supo que aquella carta era para él, aunque se había enviado con los datos de su superior para acusarla a ella. Después de descifrar el mensaje, pidió la semana libre y se fue hasta Alba de Tormes. Tenían al menos un aliado en cada convento. Les ayudaron a robar las reliquias y las guardaron en el sepulcro.

        Recordé las palabras de la Priora de la Encarnación y averigüé por qué  lo habían hecho. Era una metáfora. “Los pobres” eran los demás conventos que tenían alguna reliquia y “los ricos” eran aquellos que guardaban las llaves, varias reliquias, el cuerpo… y aún así ansiaban más. Era la avaricia lo que les había llevado a cometer el robo y la Priora de la Encarnación lo sospechó desde el principio. Desde el principio habían deseado ser los únicos dueños de los restos de Santa Teresa.

        La policía arrestó a los culpables (la Priora de Alba de Tormes, el mayordomo de la Duquesa, el Superior General de la Orden Carmelita y sus contactos en los demás conventos) y las reliquias fueron devueltas a su lugar correspondiente. A modo de castigo, el sepulcro se trasladó al convento de San José, en Ávila; ya que, éste fue el primero que fundó la Santa y al que quería llegar para morir.  

Laura Cruz Palmeiro