sábado, 28 de marzo de 2015

Vacaciones en Roma. Detective Jerar Khachatryan


Corría el año 1996,  tan sólo hace un año, cuando  fui de viaje a Roma con mi familia.  Sobre todo para visitar los innumerables museos e iglesias que tiene la ciudad. Mi esposa Cornelia, mis siete hijos y yo subimos al avión.  De repente salió del aseo una monja,  a la que sus ojos oscuros concedían una mirada feroz. Y con su nariz aguileña ganó mi atención.  Tenía unos rasgos que le imprimían mucho carácter. Se sentó en la fila que estaba delante de mí. Con ella viajaba  un sacerdote  con aspecto más normal .

                Toda la familia estaba durmiendo. Yo suelo tener miedo al viajar en avión, con lo que estaba despierto. La monja y el cura  empezaron a susurrar.  Pero se escuchaba perfectamente su conversación. Hablaban en latín y eso me encanta porque soy filólogo de  lengua latina.  Además  no me conformo con traducir  textos, sino que domino el idioma completamente y lo hablo sin ninguna dificultad.

                 Al oírlos hablar en latín no pude aguantar mis deseos de escuchar lo que decían. Comentaban acerca de las reliquias de Santa Teresa de Ávila. Que estaban los dos disgustados porque su cuerpo estaba dividido y repartido por muchas ciudades. Y  sobre unos planes que  realizarían para conseguir que todo el cuerpo estuviese reunido en Roma. La verdad,  despertó mi interés sobre la Santa.  Debe ser alguien importante, si no lo fuera no hablarían sobre ella con tono tan decidido y con tanta seriedad.

                Me prometí a mi mismo que visitaría el lugar donde estaba enterrada la Santa.  Los altavoces del avión sonaron para decirnos que estábamos aterrizando.  Como algo tradicional, cuando el avión aterriza toda la familia aplaudimos. Es una costumbre que viene ya de mis abuelos. Al salir del avión, la monja dijo al cura que el plan debía realizarse  en los dos días siguientes. Lo que me hizo sospechar que tramaban algo.

                Mi prima Mariam nos esperaba en la terminal.  La habíamos echado mucho de menos. Allí también se encontraban la monja y la cura. Mi prima les saludo.  ¡Qué sorpresa! se conocían. Nos alojamos en su casa. Una casa enorme que tiene cerca del museo Capitolino.  ¡Oh, Roma, la gran Roma!  Esta ciudad es tan bella. Cuantas cosas han pasado aquí y pasarán a lo largo de la historia.

                Mariam, tenía veintiséis años y era extremadamente inteligente. Poseía el doctorado en teología y había recibido el Premio Nobel sobre sus  investigaciones para demostrar que la tumba de Jesucristo está en el país del arca perdida de Noé, Armenia.  Me siento orgulloso de tener una prima así. Ella me demostró que puedes creer en Dios y a la vez ser científico. A ella  le ha causado muchos problemas y se ha granjeado muchos enemigos.

                Cuando ya nos habíamos instalado en su casa, pregunte a Mariam sobre aquella monja y el cura.  Me contesto que la monja era la famosa Sor Ariadna, Priora del Convento de la Encarnación y el cura era el Superior general de la Orden de los Carmelitas Descalzos. ¡Vaya,  vaya! Lo que me  iba a esperar en mi viaje a Roma. Mi prima me prometió quedarse con mi familia mientras yo resolvía unos asuntos. Es mi oportunidad de pasar a la acción.

                Me fui a recabar información acerca de Santa Teresa. Era impresionante lo que decía un viejo, cercano a la escalera de la puerta principal de una de tantas Iglesias.  Me chantajeó y me pidió dinero a cambio de información. Después de pensármelo un rato le  di el dinero, ya que no tengo problemas de finanzas y me moría de ganas por saber más acerca de la reliquia que la monja y el cura deseaban tanto conseguir.

                El viejo empezó a hablar.  En realidad no le estaba escuchando porque mi cerebro estaba pensando en la monja.  Pero de repente una frase captó mi atención. Decía  que si reúnes todas la reliquias de Santa Teresa,  se consigue la información que todos los seres humanos queremos saber sobre el Todopoderoso. 

                Me fui corriendo a casa de mi prima. Le pedí que me facilitara contactar por Skype con  los poseedores de las llaves que abren el sepulcro de Santa Teresa. Y si podía  presentármelos a   todos. La Priora del Convento de Alba de Tormes tenía tres llaves, la Duquesa de Alba otras tres,  el Superior de la Orden de los Carmelitas descalzos tres y el Rey de España una.  Mariam me los presentó diciendo  que yo iba a realizar un trabajo sobre las reliquias, para convencerlos de colaborar.  Mientras ellos hablaban sobre de la Santa,  les pregunté qué pensaban acerca de que las reliquias estuvieran repartidas por diferentes ciudades. Así supe lo que pensaban.

                Contraté a unos agentes para que los persiguieran y averiguaran todo lo que hablaban. Quería saberlo todo,  hasta lo que comían y bebían.  La monja iba a robar las reliquias y necesitaba saber quién iba a ayudarle, cuándo, por qué  y cómo.  Ella tenía un plan genial que por fin descubriría la verdad sobre el Creador. Había que aprovechar cualquier situación.

                Los agentes me comunicaron que la monja, dentro de dos días, mandaría a unos ladrones a robarlas. Pero haciéndose pasar por personas de confianza de ella. Les ordené a cada uno ir a los lugares donde se encontraban las reliquias e intentar que no las robaran. Mientras tanto yo me fui a España a ver a la Duquesa de Alba.  Le pedí que me dejara acceso a las reliquias, con la excusa que mi prima iba a escribir un libro sobre ellas. En realidad  no se podía entrar, ni siquiera la Duquesa tenía acceso. Al final accedió a dejarme verlas a cambio de unos favores un poco especiales. Es sabido que la Duquesa siente debilidades por los hombres jóvenes y yo lo era.

                En un momento en que ella me dejo solo en su habitación, cogí su bufanda y la deje cerca de las reliquias. Ella amablemente me pidió que me quedará más tiempo. Incluso llegó a ofrecerme dinero. No podía permanecer más tiempo, así que la deje y regresé a Roma con mi familia.

                Transcurrieron los dos días más estresados de mi vida, esperando noticias de mis agentes. Las personas en la ciudad estaban inquietas y las masas buscaban culpables.
 La Policía se afanaba en buscar a los ladrones de las reliquias. Al famoso detective Alí, natural de Arabia Saudí pero afincado en España, lo habían enviado a resolver el caso. No sé si lo conseguiría.  Al final, frente a la falta de culpables, decidieron encarcelar a todos los sospechosos. Una decisión aprobada por el Pontífice.

                En la actualidad, disfruto de mi vida en Alicante con mi familia.  Pero seguro que queréis conocer que es lo que paso realmente, quien es el verdadero ladrón.  Os lo voy a contar. Los agentes mandados por  la monja vinieron a robar las reliquias, y eso es lo que hicieron. Los agentes que yo contraté, consiguieron interceptarlos por el camino y quitárselas. Lo que provocó que se dejaran huellas de todos los sospechosos.

Mis hombres me dieron las reliquias.  Y como me había aconsejado el anciano, las trasladé al país del arca perdida, Armenia.  Había que unirlas en una especie de plato de oro que se encuentra en el templo de Garní. Este templo es el único  conservado en este país que no fue destruido por los cristianos. Además, Armenia es el primer país cristiano del mundo desde el año 301. Cuando deposité las reliquias pasó algo inexplicable. Se hizo un agujero en el techo del templo y entro la luz. Y una voz casi inhumana y muy oratoria empezó a hablar. Esa voz era el propio creador. Le fui preguntando y él me respondió a todo. Por fin mis dudas se habían disipado.  Pero si queréis que os cuente lo que me dijo, tendréis que atraparme primero y obligarme a hablar.

Año 2015……

Todo Noticias: Un guardia de seguridad encuentra el dedo de Santa Teresa, dentro de una caja, en perfecto estado de conservación. Otras tres reliquias han sido halladas en Alba de Tormes y el resto en sus lugares de procedencia.  Algo increíble desde hace años para el mundo. Los sospechosos encarcelados han sido puestos en libertad.

Todos pensaban que fue Dios quien las envió. Pero tanto yo como ustedes sabemos quién fue.
 Jerar Khachatryan

Detective Alba Molina



Después de recibir la llamada, me he quedado muy sorprendida, suelo tener casos difíciles, pero nunca había tenido un caso tan extraño, ¿quién sería capaz de robar las reliquias de Santa Teresa? ¿Y por qué? No puedo imaginar el motivo por el que alguien haya robado las reliquias de Santa Teresa. Aún sigo pensado quién de los sospechosos podría ser. No sé cómo comenzar con la investigación, y me tengo que dar prisa porque se acercala celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa.
Primero, tendré que localizar a la duquesa de Alba o al Superior General de la Orden Carmelita, para pedirles las llaves y poder abrir el sepulcro y comprobar  si se han llevado o no los restos de la Santa en Alba de Tormes, tengo que intentar conseguir las llaves, pero será un proceso largo ya que, 3 las tienen las monjas del convento de Alba de Tormes, 3 la duquesa de Alba,  3 están en Roma, ya que las guarda el Superior General de la Orden Carmelita y la última el Rey de España.
Cuando consigo contactar con el Superior General de la Orden Carmelita, no acepta darme las llaves, así que tendré que viajar a Roma para suplicarle que me entregue las llaves e interrogarle, me llama la atención que el Superior General de la Orden Carmelita no acepte darme las llaves, ¿por qué?, ¿tendrá algo que ocultar? Esto lo convierte en el principal sospechoso, así que decido emprender mi viaje a Roma en cuanto antes para poder avanzar en el caso.
Cuando llego a Roma, lo primero que hago es ir al monasterio donde se encuentra el Superior General de la Orden Carmelita, cuando me abre la puerta, su rostro cambia y parece estar nervioso, no esperaba mi visita, esto me hace pensar que oculta algo, pero cuando termino con el interrogatorio no encuentro ninguna relación con el robo, así que lo elimino de la lista de sospechosos, tras el interrogatorio lo he convencido para que me dé las llaves , y me las ha dado sin ningún problema, puede que sea para no entrometerse en el caso y resolverlo en cuanto antes, ya que se muestra muy preocupado por el robo.
Aprovechando que estoy en Roma, decido interrogar al Director de los Museos Vaticanos, es un posible sospechoso ya que siempre ha manifestado el interés de que las reliquias de Santa Teresa estuvieran en Roma, y puede ser que haya robado la mandíbula y el pie derecho, cuando lo interrogo se muestra muy receptivo a colaborar, pero al ser amigo del Superior General de la Orden Carmelita, puede que el Director haya robado la llave a éste, y dudo en que pueda ser el culpable. Tras el interrogatorio, tampoco muestra ninguna relación con el robo, los dos sospechosos tienen coartadas así que los elimino de la lista. Este caso se está volviendo muy complicado, todavía no he encontrado ninguna pista con la que pueda avanzar en la investigación, y cada vez está más cerca la celebración del V Centenario, deberé volver a España para seguir mi investigación.
Vuelvo a España y tras no encontrar ninguna pista en Roma, contacto con la duquesa de Alba y acepta darme las llaves e insiste en acompañarme en la investigación. Me ha sorprendido que la duquesa de Alba acepte ir, se ha mostrado interesada y me ha comentado que está en condiciones para realizar el viaje, parece disgustada por el robo y por eso quiere colaborar en todo lo posible, esto no supondrá ningún problema, es más servirá de ayuda. Cuando me reencuentro con ella, decidimos ir al Convento de Alba de Tormes, ya que la duquesa me ha contado que tiene muy buena relación con la priora del Convento, y no tendrá ningún problema en entregarnos la llave para poder abrir el sepulcro. La duquesa me ha comentado que la priora no tiene nada que ver con el robo, pero no debo levantar sospecha, ya que son íntimas amigas, y puede que la duquesa la esté encubriendo.
Mientras vamos de camino al Convento, pienso en que si la priora del Convento de Alba de Tormes nos da las llaves, sólo nos faltará la llave del Rey de España, para poder abrir el sepulcro, así que la duquesa, contacta con la Casa Real, y el Rey nos cede la única llave que nos queda por conseguir.
Tras coger la llave del Rey de España, al fin vamos a Salamanca, ya que hemos conseguido las 10 llaves. Al llegar al Convento, me reúno con la priora para interrogarla, la duquesa asiste al interrogatorio, y parece nerviosa, ¿dudará de su amiga?, la priora al contrario parece tranquila y en el interrogatorio declara, que cuando robaron las reliquias se encontraba preparando la celebración del V Centenario de Santa Teresa, esta coartada la elimina de la lista de sospechosos, pero deberé mantener sospecha porque no se ha mostrado muy convencida.
Cuando termino con el interrogatorio, la priora me entrega las llaves y por fin, me dirijo al sepulcro para comprobar si el brazo izquierdo y el corazón permanecen en su lugar. El tiempo pasa lento, cuando intento abrir con las 10 llaves el sepulcro, estoy nerviosa, necesito saber ya si las reliquias están o no, el momento en el que me dispongo a abrir, me llevo una sorpresa, ¡las reliquias están!, no lo puedo creer. ¿Por qué han robado las reliquias de Ávila, Ronda, Lisboa, Sanlúcar de Barrameda, París, Bélgica y Roma...? ¿Y las de Alba de Tormes no?
El descubrimiento de las reliquias, me hace plantearme varias hipótesis: que al ladrón no le haya dado tiempo de robar las reliquias de Alba de Tormes o que el posible sospechoso se encuentre en el Convento de Alba de Tormes. La duquesa al igual que yo, está sorprendida y a la vez, contenta de que las reliquias sigan en el Convento, pero la priora no parece sorprendida, en absoluto, ¿me ocultará algo?
Paso la noche pensado en los interrogatorios, en los sospechosos, en las hipótesis, hasta que llego a una conclusión final, se me escapa un cabo suelto, ¿por qué la duquesa me ha acompañado? ¿Habrá querido encubrirse?
Al día siguiente, decido interrogar a la duquesa discretamente, mientras la interrogo, noto que le sudan las manos y que su voz tiembla, estoy segura de que me oculta algo, así que insisto en que me cuente la verdad, para mi sorpresa, aparece la priora interrumpiendo el interrogatorio, justo cuando me iba a contar la verdad,la priora necesita que le entregue las llaves correspondientes del sepulcro, dudo, ¿por qué las querrá?, me niego a dárselas y me responde que va a limpiar el sepulcro. La duquesa se relaja, y su aspecto cambia, parece sacada de un apuro, de repente reacciono y descubro quien ha sido la ladrona, ¡es la Priora del Convento de Alba de Tormes!, ¡si es ella!, la duquesa ha intentado encubrirla, por eso me ha acompañado en la investigación, para ocultar que era cómplice de la Priora, cuando confieso que sé quién es la culpable del robo, la priora, se sorprende y confiesa que es ella, la duquesa se declara cómplice del robo, las dos están nerviosas y prometen que van a devolver las reliquias.
Decido llamar a la policía, para decirles que he encontrado a las ladronas de las reliquias, la policía acude rápidamente y se lleva a las culpables, ya en comisaría, entro a la sala de interrogatorios, y les pregunto a las acusadas el verdadero motivo por el que han robado las reliquias, la priora confiesa que ella tuvo la idea de robar las reliquias, pero necesitaba una cómplice, para poder hacerlo, la duquesa aceptó, ya que el motivo por el que robaron las reliquias era para que permanecieran todas juntas en Alba de Tormes, y la duquesa estaba de acuerdo con la decisión de la priora, por eso las reliquias de Alba de Tormes permanecían en su lugar, la duquesa se encargó de robarlas en Roma, ya que era íntima amiga del Superior General de la Orden Carmelita, y le robó las llaves a éste, y la priora se encargó de robarlas en España, así es como robaron las reliquias de Santa Teresa, por eso la duquesa al enterarse que estaba investigando el robo quiso acompañarme para que no sospechara de ella y de la priora.
Tras la declaración, la priora entregó las reliquias y cada una de ellas se devolvió al lugar donde permanecían, dos días después se celebró el V Centenario, donde asistieron millones de peregrinos a Ávila, entusiasmados y alegres porque las reliquias de Santa Teresa habían aparecido, y porque el Papa Francisco había asistido a la celebración, el Papa mostró su agradecimiento por haber encontrado las reliquias  de Santa Teresa, y así es como acabó el curioso caso de las reliquias de Santa Teresa.

Alba Molina González

Detective Lara Fernández y el Misterio de las Reliquias


Camino tranquilamente por la calle, acompañada de Damián. Echo un vistazo al reloj. ¡Perfecto!, vamos bien de tiempo. No quiero hacerla esperar.
                Después de una larga caminata llegamos  a nuestro destino: la mansión de la Duquesa de Alba.

-          Buenos días.-Nos recibe- ¡Siéntense!

Nos acomodamos en un par de sillas de su salón y nos ofrece un café. Es una mujer muy agradable. Cuando nos quedamos a solas, mientras Damián habla con otras personas de la casa, comienzo a explicarle el problema; pues cuando hablamos por teléfono no pude dar muchos detalles.

-          Como sabrá, se han producido una serie de robos en varios lugares del mundo donde se guardaban las Reliquias de Santa Teresa.

Asiente y me escucha atentamente.

-          Como detective encargada del caso lo primero que he de comprobar es si el cuerpo continúa o no en el sepulcro. Para ello necesito las tres llaves que guarda el Supervisor General de la Orden Carmelita, las tres que hay en el Convento de Alba de Tormes y las otras tres que posee usted. El Superior accedió a dármelas cuando le visité hace un par de días en Roma.

-          Así que, ¿usted se guardará las llaves en el bolsillo y se marchará?, ¿así, sin más? – Pregunta, mostrándose claramente en  desacuerdo. - ¿No le parece poco seguro?

-          Sé que son cruciales para el caso, pero la gente corriente no sabe que soy detective. Siempre trato de ser discreta para que nadie sospeche. Si consiguiese escoltas, sólo llamaría la atención…-Debo de haberla convencido, ya que se levanta y me dice:

-          Está bien. Si es necesario se las daré, pero con la condición de que me las devolverá lo antes posible.

-          Por supuesto.

-          Bien.- Responde.- ¡Acompáñeme!

Vamos a otra habitación. Se acerca a un cuadro de Picasso y  lo descuelga de la pared, dejando ver una caja fuerte. Introduce la contraseña y la abre.

-          Aquí tiene.- Dice entregándomelas.- Antes de que se vaya, he de enseñarle algo más.
-          ¿De qué se trata?

-          Hace una semana recibí esta extraña carta.

Me entrega un folio escrito a ordenador que guardaba en un cajón.
-          Pensé que se trataría de una broma y no le di importancia.

La observo atentamente. Es muy extraño. Sólo hay puntos y líneas. ¿Será código morse?

-          ¿Tiene el sobre también?

-          Sí, aquí mismo.- Saca del mismo lugar donde estaba la carta un sobre blanco, impecable, sin remitente y con un sello.

-          ¿Cuándo la recibió exactamente?

-          El sábado.

-          Un día antes del robo….- Concreto.

-          Exacto, pero yo no he tenido nada que ver.

-          ¿Alguien más conoce la clave de la caja fuerte?

-          Mi mayordomo, Ricardo.

-          ¿Podríamos hablar mi compañero y yo con él?

-          Se ha tomado libre esta semana. Regresará en un par de días. Si quieren pueden volver por aquí y hacerle algunas preguntas. Serán bien recibidos, pero dudo mucho que él haya tenido algo que ver en esto.

-          Eso habrá que verlo…

Lo guardo todo cuidadosamente. Le doy las gracias por su ayuda y nos despedimos de ella.

Damián llama a un taxi para que nos lleve de vuelta al hotel. Puede que no sea muy seguro utilizar el transporte público, pero la idea es no llamar la atención.

Una vez en la habitación, extiendo sobre la cama todo lo que hemos reunido en relación al caso: las seis llaves, la nota misteriosa y el cuaderno de anotaciones. Decido centrarme en la nota. Intento descifrar el mensaje con diferentes técnicas, como colocar la hoja a contra luz o pasar un lápiz por encima en busca de algunas marcas, pero ninguna da resultado. Tampoco se trata de código morse, pues al intentar traducirlo, el mensaje que obtengo carece de sentido.

A la mañana siguiente, Damián y yo nos dirigimos al Convento de Alba de Tormes. No hemos avisado de nuestra llegada. Preferimos ir por sorpresa para que no les de tiempo a esconder posibles pruebas, en el hipotético caso de que alguna de las monjas esté relacionada con el robo.

-          Buenos días.- Saludo al llegar.- Quería hablar con la Priora.

-          ¿De parte de quién?

-          Detective Fernández y su compañero López.

-          Está bien, iré a avisarla.

-          Gracias.

En diez minutos está de vuelta, acompañada de la Priora.

-          Buenos días. Imagino que vendrán por el robo, ¿no?- Nos pregunta.- Entonces síganme. Les diré dónde está.

Avanzamos por los pasillos a un ritmo bastante rápido para no perder tiempo. Una vez allí, la priora nos entrega las tres llaves que nos faltan y las introduzco en las cerraduras. A continuación lo intento con las de la Duquesa, pero algo falla.

-          ¡Qué extraño! No encajan…

Pruebo con las del superior, pero tampoco funcionan. ¡Ambos me han dado las llaves equivocadas!

-          ¿Qué ocurre?- Pregunta la Priora.

-          Estas no son las del sepulcro.

-          ¡Oh! ¡Dios mío!, ¿se las habrán robado a la Duquesa y al Superior?

-          Puede.- Responde Damián.- Quizás nos las ha dado mal a posta.

¿Y si mi amigo tenía razón?..... ¿Eso significaría que habrían sido ellos los ladrones? La única manera de descubrirlo sería continuar investigando e interrogando sospechosos.

Mientras vamos en el tren hacia Ávila mi compañero inspecciona el portátil de la Priora del Convento de Alba de Tornes. Al principio no le gustó la idea de que nos lo llevásemos para revisarlo, pero al final accedió. Yo leo una y otra vez la lista de posibles ladrones.

Tenemos planeado un interrogatorio para el líder de la secta milenarista “Cuatro Postes”, uno de los que más razones podría tener para llevar a cabo un robo de tales magnitudes. Algunas fuentes aseguran que creen que el fin del mundo llegará el día del V centenario de la Santa si consiguen reunir todas las reliquias.

Una vez en la cuidad, Damián va a hablar con un informático que cree que puede ayudarle con el ordenador; mientras que yo, busco el Hotel Cuatro Postes, sede de la secta. Por más que insisto, se niegan a abrirme. Pruebo varias veces más, pero es inútil. No van a dejarme pasar, ni a contestar a ninguna pregunta, ni a aportar nada provechoso a la investigación.

Son los segundos que se niegan a pasar por el interrogatorio. Al director de los Museos Vaticanos tampoco le gustó verme en Roma… Un comportamiento muy extraño que no suelen tener las personas inocentes.

Decido ir al Convento de la Encarnación. Quizás allí tenga más suerte. Camino con paso firme, tratando de ordenar mentalmente las piezas de este rompecabezas tan complejo.

-          Buenos días. ¿Podría ver a la Priora? – Le pregunto a la primera monja con la que me encuentro.

-          No sé si estará ocupada, aunque, claro, acompáñeme.

Me guía por los pasillos y me lleva hasta una sala de estar muy luminosa con un aspecto sobrio pero acogedor.

-          Esta chica ha venido a verla.- Le dice a la religiosa que se encuentra sentada en una silla debajo de una pintura de Cristo en la Cruz. Es uno de los cuadros más conocidos del convento. Me sonríe y me invita a sentarme a su lado. Su compañera se va y nos quedamos a solas.

-          ¿Eres detective, verdad?

-          ¿Cómo se ha dado cuenta?

-          Se ve tu astucia en la mirada.

-          Gracias. – Respondo.- Una mujer tan amable sería incapaz de cometer un robo.

-          ¿Ya has resuelto el misterio? – Me habla con el mismo tono que utiliza una madre con su hija.

-          ¿Usted que cree?

-          Que debes de estar muy desorientada para venir aquí buscando al culpable.

-          ¿Por qué?

-          Porque los pobres son los que más dan y los ricos, los que más quieren. Cuando entiendas esto descubrirás al culpable. Ahora vamos, te acompaño hasta la salida.

-          Si ya sabe quién es el ladrón, ¡dígalo!

Se ríe.

-          Yo no sé quién ha podido ser.

-          Entonces, ¿a qué ha venido eso?

-          Yo hablo desde la voz de la experiencia. No he ido en busca de pruebas, pero espero haberte ayudado. – Dice poniéndose en pie.- No tengo nada más que decirte. Ve en paz y que el Señor te acompañe.

Salgo del convento, vuelvo a donde me despedí de Damián hace un rato. Aún no ha llegado,  pero no creo que tarde mucho. Me siento en una cafetería a esperarle. No hace mucho frío para la época que es. Hay mucha gente por la calle. Mi mirada se detiene en una pequeña que está llorando porque se le ha caído la piruleta al suelo. Le pide otra a su madre, pero ella le dice que ahora tienen prisa y que no pueden pararse. Mientras madre e hija discuten, un hombre pobre sentado en la acera pidiendo limosna se levanta y se gasta su única moneda en una piruleta de la máquina expendedora, para la niña, que deja de llorar y ahora sonríe, feliz, al igual que el hombre.

        “Los pobres son los que más dan, y los ricos, los que más quieren”. ¡Qué razón tenía la Priora de la Encarnación.

-          ¡Lara!

Levanto la cabeza al oír que me llaman. Es Damián, que viene corriendo hacia mí.

-          ¿Descubriste algo?

-          Sí. Creo que sé cómo descifrar la carta.

Se sienta a mi lado y saca un papel del bolsillo y la carta.

-          Cuéntame.

-          Con la ayuda de Fernando, el informático, conseguí entrar en el correo electrónico al que había accedido la Priora del Convento de Alba de Tormes, y uno de los e-mails era el alfabeto normal y en código binario que envió al mayordomo de la Duquesa.

-          ¿Qué código es ese?

-          Es el que utilizan los ordenadores. Consiste en usar los números 0 y 1 para darle instrucciones al microprocesador. Cada una de las letras y símbolos del teclado tiene una numeración diferente. Puede que los puntos de la carta sean ceros y las líneas, unos.


-          ¿El e-mail era para descifrar la carta?


-          Eso creo. Todavía no sabemos si ella envió la carta o no.


-          Hay que comprobar si las huellas dactilares del ordenador están en el sobre y la carta.


Y así resolvimos el caso:

Mandamos el ordenador y el sobre al laboratorio central de la Policía de Madrid, y se confirmó lo que sospechábamos: la Priora del Convento de Alba de Tormes envió por correo postal la carta al mayordomo y al Superior General de la Orden de los Carmelitas. Para mayor seguridad escribió un correo electrónico a ambos para que pudiesen descifrar el mensaje.

        Lo que nos dio la pista final fue la carta, que decía:

        “Todo listo. Ahí va un billete de tren para el viaje. Acuérdate de dejar las llaves falsas dentro de la caja fuerte de la Duquesa antes de venir. El Superior General ya me las ha enviado, solo faltas tú, Ricardo. Espero verte pronto o tendremos que posponer el robo”.

Ricardo era el mayordomo encargado de recoger el correo a la Duquesa de Alba y enseguida supo que aquella carta era para él, aunque se había enviado con los datos de su superior para acusarla a ella. Después de descifrar el mensaje, pidió la semana libre y se fue hasta Alba de Tormes. Tenían al menos un aliado en cada convento. Les ayudaron a robar las reliquias y las guardaron en el sepulcro.

        Recordé las palabras de la Priora de la Encarnación y averigüé por qué  lo habían hecho. Era una metáfora. “Los pobres” eran los demás conventos que tenían alguna reliquia y “los ricos” eran aquellos que guardaban las llaves, varias reliquias, el cuerpo… y aún así ansiaban más. Era la avaricia lo que les había llevado a cometer el robo y la Priora de la Encarnación lo sospechó desde el principio. Desde el principio habían deseado ser los únicos dueños de los restos de Santa Teresa.

        La policía arrestó a los culpables (la Priora de Alba de Tormes, el mayordomo de la Duquesa, el Superior General de la Orden Carmelita y sus contactos en los demás conventos) y las reliquias fueron devueltas a su lugar correspondiente. A modo de castigo, el sepulcro se trasladó al convento de San José, en Ávila; ya que, éste fue el primero que fundó la Santa y al que quería llegar para morir.  

Laura Cruz Palmeiro