Aquel día volví a casa pronto,
demasiado pronto, más temprano que de costumbre, todo porque no tenía encargos.
Sin embargo, no estaba del todo infeliz, porque necesitaba reparar horas de
sueño. Cené rápidamente y después de la ducha, me metí en la cama, dispuesta a
dormir profundamente, aunque fueran todavía las diez.
¡¡¡¡¡Ring, ring!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Ring,ring!!!!!!!
Aquel sonido tan
particular me sobresaltó, pero tampoco me sorprendió mucho, ya era muy
corriente. Cogí el teléfono móvil que tenía en la mesilla de noche y le eché un
vistazo. Eran las cuatro de la madrugada, hora típica a la que te llaman por
algún que otro caso, complejo o no. Descolgué y pronuncié las palabras de
siempre:
–
Buenas noches, ¿que caso le hace llamarme a estas horas?
–
Verá inspectora, este caso es extremadamente extraño. ¡Todas las
reliquias de la Santa acaban de ser robadas a la vez! - habló atropelladamente,
parecía muy agitado.- Es de lo más raro, ¡en vario países a la vez!
–
¿Quiere calmarse?, no le entiendo, ¿qué santa?, ¿qué reliquias?
–
Perdone, quiero decir que las reliquias de Santa Teresa, de la que se va
a celebrar el V centenario, acaban de ser robadas. Rogamos que se presente y
nos ayude rápido.
–
Ok, espere un momento, en seguida llego.
Colgué el teléfono
y reflexioné acerca de la conversación de hace tan solo unos segundos. No me
cuadraba que un robo en tantos lugares hubiesen sido a la vez, menos aún que la
policía no hubiese pillado a ninguno, era extraño, muy extraño, había algo que
no encajaba, pero se me escapaba de las manos y no sabía qué era.
***
Cerca de media
hora después de la conversación, llegué a mi oficina, dispuesta a resolver
cuanto antes aquel caso, sin embargo, mi intuición me decía que ese caso
particular no iba a ser como el resto de casos que había resuelto hasta ahora.
Me dirigí a grandes zancadas a mi mesa y me di cuenta que mis asistentes ya habían
organizado todo, ya que llegaron más pronto al vivir a cinco minutos de aquí.
Me dieron una lista de posibles sospechosos, pero era bastante corta además de
incompleta. Se notaba ya bien que ese caso nos iba a costar. Lo leí por encima
y me convencí de que lo primero que debía hacer era investigar la vida de esta
santa.
“Nació el 28 de marzo de 1515 en Ávila.
Desde sus más tempranos años comienza a sentir mística exaltación. A los 7 años escapa de su casa junto a su hermano, en busca de martirio. Cuando cuenta con 12 años y ya en casa, fallece su madre, lo que la afectó profundamente y pareció decidir su vocación religiosa.
A los 16 años ingresa en el convento de Santa María de Gracia, obligada por su padre alarmado por sus malas compañías y por las lecturas de libros de caballerías. El 3 de noviembre de 1534, a los 19 años de edad, profesó en el convento de la Encarnación de Ávila. Cae gravemente enferma poco después y su padre la lleva a tomar baños minerales: aparecen los primeros síntomas de sus neurosis. En 1537, sufre un ataque de parasismo, y durante dos años estuvo paralítica.
Desde sus más tempranos años comienza a sentir mística exaltación. A los 7 años escapa de su casa junto a su hermano, en busca de martirio. Cuando cuenta con 12 años y ya en casa, fallece su madre, lo que la afectó profundamente y pareció decidir su vocación religiosa.
A los 16 años ingresa en el convento de Santa María de Gracia, obligada por su padre alarmado por sus malas compañías y por las lecturas de libros de caballerías. El 3 de noviembre de 1534, a los 19 años de edad, profesó en el convento de la Encarnación de Ávila. Cae gravemente enferma poco después y su padre la lleva a tomar baños minerales: aparecen los primeros síntomas de sus neurosis. En 1537, sufre un ataque de parasismo, y durante dos años estuvo paralítica.
Ya sana, su fe se debilita, hasta que volvió al pasado ardor religioso porque dice, Cristo se me aparece con airado semblante. Cree que la causa de su frialdad religiosa proviene de su frecuente trato con seglares, y decide reformar la orden del Carmelo, a la cual pertenecía, y fundar religiones de monjas descalzas y enclaustradas. En su empresa encuentra grandes dificultades, pero tuvo la ayuda de una de sus hermanas, algún pariente, varios piadosos y el duque de Alba.
Santa Teresa de Jesús falleció después de realizada su obra de reforma, en Alba de Tormes, el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años. ”
Una
vez que terminé de leer esto, me puse a investigar sobre sus reliquias.
“ A los nueve meses de su muerte, se abrió su ataúd. Se vio que
sus ropas estaban podridas, pero el cuerpo entero. Antes de devolver el cuerpo
al cofre, se le diseccionó una mano que envolvieron en una toquilla y la
llevaron a Ávila. De esa mano cortó el padre Gracián el dedo meñique y lo
mantuvo con él hasta que fue hecho prisionero por los turcos. Lo rescató a
cambio de unas sortijas y 20 reales de la época.
Reunido el capítulo de los descalzos, se acordó que el cuerpo de
Teresa debía volver a Ávila y ser custodiado en el convento de san José. Se
hizo el traslado un sábado de noviembre de 1585, casi en secreto. Las monjas
del convento de Alba de Tormes pidieron quedarse con un brazo como reliquia.
Cuando el duque de Alba se enteró del traslado, envió sus quejas a Roma e hizo
negociaciones para recuperarlo. El cuerpo volvió de nuevo a Alba de Tormes.
Después de estos hechos no la volvieron a trasladar más, pero se
sacaron varias reliquias:
•
El ojo izquierdo y la mano
derecha, en Ronda (España). La famosa mano que Francisco Franco conservó hasta
su muerte, tras recuperarla las tropas franquistas de manos republicanas
durante la Guerra Civil
Española.
•
El brazo izquierdo y el
corazón, en sendos relicarios en el museo de la iglesia de la Anunciación en
Alba de Tormes. Y el cuerpo incorrupto de la santa en el altar mayor, en un
arca de mármol jaspeado custodiado por dos angelitos, en dicha iglesia.
•
Otro dedo en Sanlúcar de
Barrameda.
•
Dedos y otros restos
santos, esparcidos por España y toda la cristiandad.”
Con
esta información, me puse a leer la lista de sospechosos. En cierto modo,
coincidían las sospechas que tenía, más sabía que la intuición de alguien no es
siempre correcta.
***
Ya
eran las diez de la mañana, y mandé a Fernando a que me comprara un desayuno
antes de venir. Fernando era mi compañero de trabajo, siempre me ayudaba a
resolver los casos, es más, era un verdadero amigo además de buen inspector.
Mientras
estaba metida en mis pensamientos, un bote de Starbucks se posó ante mis ojos.
Supe de inmediato que Fernando había llegado, levanté la vista, le di las gracias
y cogí el café para beber de él un sorbo.
Después
de tomar mi pequeño desayuno, nos pusimos rumbo a interrogar a nuestro primer
sospechoso de la lista: la priora de la Encarnación (la que nos pillaba más
cerca).
***
El
viaje no fue largo, porque el Monasterio de la Encarnación estaba en Madrid. Al
igual que eso, el interrogatorio tampoco duró mucho, la priora solo se quejaba
del robo y, cada vez que la lanzábamos una pregunta, contestaba con monosílabos
o se desviaba del tema. Eso dejaba a luz demasiadas cosas.
Ya
eran las tres de la tarde, las tripas me rugían. El chico se dio cuenta, pero a
él también le estaba pasando, y fuimos a algún restaurante cercano. En aquella comida,
empezamos a sacar conclusiones de la entrevista de hace un momento. Perece que
ambos teníamos las mismas sospechas, sin embargo, antes de sacar conclusiones
precipitadas, decidimos investigar al resto de los de la lista. Justo después
de aquel delicioso menú, los dos nos encaminamos a la estación de trenes, para
partir a Ávila. Ahí entrevistaríamos a la priora de San José.
Esta
vez, el viaje tampoco fue largo, pero sí un poco más que el anterior. La única
diferencia que hubo fue que la entrevista fue bastante larga, duró casi tres
horas. Aquella mujer parecía estresada a más no poder, nos contó parte de unos
datos de los que carecíamos y nos ofreció su ayuda para el caso. Además de
ello, dijo que quería ser parte de la investigación, que noss acompañaba hasta
que resolviéramos este caso.
Estaba
ya anocheciendo, y teníamos que buscar un lugar donde cenar y dormir y eso nos
lo ofreció la priora.
***
¡Dang, dang! Aquellas campanadas me
despertó. Por un momento no supe dónde me encontraba, pero al instante lo
reconocí, lo recordé todo, estábamos en un caso que me iba a costar al menos
cuatro días. Me levanté de la cama y entré en el baño que estaba al lado del
cuarto para darme una refrescante ducha. No tardé más de veinte minutos en
bajar las escaleras para dirigirme al comedor. Los tres que tendríamos que
partir en menos de una hora al convento de Alba de Tormes para entrevistar a la
priora.
En
diez minutos tras el desayuno estábamos ya en un taxi hacia dicho convento.
Aquella entrevista tampoco duró mucho, en diferencia con la primera, pudimos
sacar información detallada en poco tiempo, por eso, nos dio tiempo para
visitar al líder de la secta milenarista
"Cuatro postes" . Esta entrevista fue más larga de lo que hubiésemos pensado, ya que
recopilamos información que nunca se le habría pasado por la cabeza a nadie.
Aquel hombre nos confesó, a mi y a Fernando, que, hace medio año
aproximadamente, había ideado ese plan de “robar” las reliquias para volver a
juntarlas, pero que la desechó porque le parecía una misión casi imposible. Sin
embargo, hace un mes, se dio cuenta de que ese archivo había desaparecido, y
seguramente fueron los actuales ladrones de reliquias quienes lo habían robado.
Aquella confesión nos dejó desconcertados, no supimos qué contestar, hasta que
la priora de San José nos interrumpió.
***
Tras
esa charla, nos quedamos en ese lugar a comer, y después, nos fuimos a dar una
vuelta por el mismo. Fue entonces cuando accidentalmente escuchamos, tras una
puerta, una mujer hablando con uno de los miembros de la secta.
–
Ve y mata a tu líder, no podemos permitirnos una fuga de
información.
–
Sí, mi señora. Lo haré esta noche.
–
No te olvides de enviar a alguien a por la priora de la
Encarnación, a quien amenazamos.
–
De acuerdo.
De
inmediato, nuestras mentes se pusieron en marcha. Llamé a la oficina central
para que enviaran a proteger a la primera, de éste nos encargaríamos nosotros.
Con la
escusa de estar muy cansados, nos quedamos en ese edificio, sin embargo, la
única que se oponía era la priora de San José, diciendo que necesitábamos
avanzar más rápido para encontrar antes las reliquias. Claro que ella no sabía
de nuestro plan, no se lo habíamos contado porque no teníamos plena confianza
en ella, lo que nos decía el instinto, pues que su comportamiento no era
natural.
***
Ya era
medianoche, y todo el mundo se había dormido, todos menos nosotros los
inspectores. Salí de mi habitación y con cautelo llamé a la puerta del cuarto
de Fernando, quien respondió abriendo la puerta. Ambos fuimos andando en
silencio y con cuidado, pero sin perder rapidez y agilidad. Sabíamos de sobra
que iba a ser peligroso, sin embargo, en nuestra mente solo estaba la idea de
defender a un inocente. Pronto llegamos al lugar donde el líder dormía
pacíficamente sin enterarse de nada. Nos colamos en su habitación y
resguardamos en un lugar donde fuéramos poco visibles. No tardó mucho en
aparecer el hombre, que levantó el puñal con la intención de clavarle al hombre
tendido en la cama en el corazón. De lo que no se había percatado era que
detrás suyo estaba mi compañero levantando las esposas para encajarle un lado
en la mano con la daga.
–
Queda detenido por intento de asesinato.- dijo mi amigo sin
alterarse.
El
hombre se dio rápidamente la vuelta, aterrorizado. Ahora parecía que tenía la
intención de apuñalar a Fernando. Salí precipitadamente de mi escondrijo y lo
apunté con la pistola que siempre llevaba pero que nunca utilizaba, pero no
funcionó y llegó a clavarse la daga en el brazo del chico. Reprimió un grito de
dolor y reaccioné. Le quité la daga de las manos y le hice un calmante que lo
dejó inconsciente.
Aquella
escena despertó al líder, que se estremeció y se desmayó. Antes que nada, cogí
un par de vendas que siempre llevaba conmigo y empecé a envolver el brazo del
otro detective.
***
Ya
habían pasado dos horas desde que entramos en la habitación del líder, y los
dos que se habían desmayado volvían a recobrar la conciencia.
–
¿ Qué rayos ha pasado aquí?- preguntó el líder al ver unas
manchas de sangre en el suelo.
–
Alguien le ha intentado asesinar, - le dije- y ese alguien
es este hombre. Creo que era uno entre los muchos en que más confiaba, ¿verdad?
–
Cierto,- el asesino habló- pero no lo hacía porque quisiera.
–
Entonces, ¿cuál es la causa?
–
Si ustedes sabían que esto iba a pasar, supongo que habrán
escuchado a hurtadillas lo que hablé con esa monja, ¿no?
Aquello nos pilló desprevenidos, no solo a mí,
sino que al resto también. ¿ De quién estaba hablando?
–
¿Qué monja?- al final fue el líder quien preguntó.
–
La priora que han traído estos dos.- dijo señalándonos.
–
No es posible...
–
Oiga inspectora, le diré más información si es que precisa
de ella, pero antes debo comunicarle que necesito protección para mi familia,
mis padre me refiero.
–
¿Protección?¿Para qué?
–
Aquella monja me amenazó con matar a mi familia.
Con que era eso. Llamé de nuevo a la central y
pedí unos escoltas para la familia de aquel hombre y otra vez me puse con el
tema. Nos contó la razón por la que la primera entrevistada se comportaba raro.
Al parecer, ella también había sido amenazada, pero no con la muerte de su
familia, sino con la destrucción del monasterio, junto con todas las monjas del
interior. Parecía ser que la única inocente de la lista era la priora del
Convento de Alba de Tormes. Nos contó que fue él quien robó el archivo bajo la
orden de la priora de San José, así como las reliquias de la secta. Estas se
las había dado a alguien encapuchado la noche del robo para que se las llevara
a la priora, lo mismo que había pasado con el del primer convento. Lo único que
no supo decirnos, fue si la monja estaba aliada con alguien o no.
***
–
Queda usted detenida por robo.- le dije a la priora de San
José justo cuando salí de su cuarto.
–
¿Qué acaba de decir?
–
Queda usted detenida por robo.- volví a repetir.
Se me quedó mirando, y al rato intentó
escapar. Dado que no era rápida, la atrapé sin problemas y me la llevé para
interrogarla. Estuve una hora aproximadamente intentando sacarle información y
lo que conseguí que me dijera eran los otros compinches que tenía, justo lo que
necesitaba. También me dijo la causa, pero era como cualquiera había esperado,
lo quería de vuelta en su convento. Sin embargo, eso no explicaba que el
superior general de la Orden de los Carmelitas descalzos y el director de los
Museos Vaticanos estuvieran aliados con ella. Algo se me escapaba de las manos,
y tenía el presentimiento de que aquella respuesta estaba en el aire.
–
¿Por qué crees que esos dos se aliarían contigo?
–
Porque querían las reliquias juntas.
Ahí estaba la respuesta, la habían tomado el
pelo y no se había dado cuenta. Tenía que reaccionar rápido.
–
Y, ¿dónde están ahora mismo las reliquias?
–
No sé nada, las tienen los hombres encapuchados.
Cabía la posibilidad de que esos hombres
encapuchados fueran los ayudantes del superior general de la Orden de los
Carmelitas y el director de los Museos Vaticanos. Fue entonces cuando caí en la
cuenta de que estos dos tenían el mismo objetivo. Llamé inmediatamente a unos
investigadores de Roma y les informé de
todo lo ocurrido, así como ellos a mí. Ambos habíamos llegado a las mismas
conclusiones, debíamos atrapar a esos dos y reponer las reliquias. Ellos se
pusieron en marcha, y nosotros no nos íbamos a quedar atrás. Llevaron a esos
dos a la cárcel y yo a la priora de San José. También pudimos recuperar todas
las reliquias de Santa Teresa.
***
Ya era de noche, y acababa de llegar a casa.
Me sentía cansada, pero también feliz de haber podido resolver otro caso y
haber dado otro final feliz.
Cené y después cogí el teléfono, para hablar
por WhatsApp con todos de todo.
Transcurridas
unas horas, me volví a dar una ducha y después de secarme el pelo, me metí en
la cama con el fin de reponer las horas de sueño perdidas...
Lorena Chen 3º ESO
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